mayo 25, 2008

La innovación del suspenso

El juicio ajeno
Por Andrew Taylor
Traducción de Roser Vilagrassa
Barcelona: Edhasa, 2006.

David Byfield, un párroco anglicano de mediana edad, se casa en segundas nupcias con una editora, también viuda, y ella se muda con él a la vicaría del pequeño pueblo de Roth, un suburbio imaginario al norte de Londres. La editora se interesa más tarde por el poeta decimonónico también imaginario Francis Youlgreave, que tal vez se volvió loco, llevó a cabo prácticas satanistas y se suicidó arrojándose de lo alto de una torre en su propiedad de Roth. Ese verano la editora comienza a visitar a una anciana descendiente de Youlgreave para husmear en los papeles del poeta con vistas a escribir su biografía, dos jóvenes hermanos se mudan a una de las propiedades del pueblo, la solterona Audrey Oliphant continúa merodeando la vicaría, Byfield acoge al hijo de unos amigos, un niño serio de unos once años, y su hija regresa a pasar las vacaciones antes de su ingreso a la universidad. Se trata de acontecimientos triviales, pero sus consecuencias no lo son: por su culpa, "dos personas murieron, otra fue a la cárcel y una cuarta ingresó en un hospital psiquiátrico" anuncia retrospectivamente el narrador al comienzo mismo del libro. Quiénes serán las víctimas, quién el asesino y quién el loco, la distribución de los roles entre los personajes, es la tarea del lector, de la que surge la intriga y el interés con que éste recorre El juicio ajeno.

Nacido en 1951 en Stevenage, un pueblo del condado de Hertfordshire, su autor ejerció diferentes oficios ―entre ellos, los de constructor de botes, maestro, bibliotecario y contable― hasta que en 1981 decidió dedicarse exclusivamente a escribir. Su primer libro fue Caroline Minuscule (1982), al que siguieron numerosas novelas de intriga para adolescentes y thrillers de calidad que Andrew Taylor suele organizar en series: la trilogía Blaines, las Series Dougal y Lydmouth y, finalmente, la trilogía de Roth, de la que El juicio ajeno es la segunda entrega.

Esta trilogía de Roth narra la historia de los vínculos entre las familias Appleyard y Byfield, con la peculiaridad de que esta historia es contada retrospectivamente o "hacia atrás". Las cuatro últimas cosas, primer volumen de la trilogía y también publicado por Edhasa, se situaba en la década de 1990, El juicio ajeno lo hace a comienzos de 1970 y The office of the dead (2000, aún no traducida), en 1958. El resultado de este procedimiento retrospectivo es que los hechos ya conocidos adquieren nuevos sentidos para el lector cuando el autor revela los que los precedieron; así, el presente de sexo, violencia y religión en el que transcurre la vida de Roth aparece justificado y anticipado por otros hechos de sexo, violencia y religión que se hunden en el pasado pero dan a Roth el carácter de un sitio sin tiempo, en el que la condenación y el derrumbe permanecen allí donde los nombres de los protagonistas y las situaciones cambian, un estado de ánimo bíblico que avanza desde adelante hacia atrás, desde el apocalipsis hasta la expulsión del paraíso terrenal y la pérdida de la inocencia.

El juicio ajeno no es un thriller al uso, y esto se debe quizás a que Andrew Taylor es demasiado buen escritor para que lo sea. Su capacidad para la creación de atmósferas opresivas es notable y ha hecho que sea comparado con Alfred Hitchcock, y sus personajes tienen una profundidad psicológica que ―sin ser tan honda como la crítica ha querido ver― los distancia claramente de otras figuras del género. Que la propuesta de Taylor es innovadora en el marco de ese género que los angloparlantes llaman "thriller" y los franceses "polar" y que nosotros debiéramos llamar tal vez "suspenso" lo prueban no sólo la gran cantidad de premios que ha recibido, sino también la velocidad que le impone a El juicio ajeno. Lejos del frenesí del thriller al uso, Taylor se toma su tiempo para construir el mundo que narra ―el primer suceso realmente misterioso tiene lugar en la página ciento cincuenta y dos de la edición española― e incluso en los pasajes de mayor acción el narrador se permite descripciones y comentarios que, paradójicamente, no perjudican a la sensación de suspenso sino que la estimulan.

Un lector de género tal vez no encuentre estereotipados los diálogos y quizás disculpe la traducción, que incurre en laísmos y otros despistes ―al menos en una ocasión se confunden los nombres de los dos personajes femeninos principales, por ejemplo― que deslucen la interesante iniciativa de la editorial Edhasa de crear una colección de intriga policial, suspenso y espionaje de alto nivel, "Polar". Quien no sea un lector habitual del género tal vez se limite a preguntarse si la vida de estos pequeños pueblos británicos en los que sólo prospera la decadencia y el rencor de clase y cuyos personajes encarnan estereotipos existen realmente o si sólo son un invento de la novela inglesa de suspenso. En otras palabras, ¿hay solteronas que ayudan en las vicarías y están enamoradas de sus párrocos? ¿Hay ancianas que guardan en mansiones rurales los secretos de decenas de miembros de su familia? ¿Siempre llueve mucho en Inglaterra cuando va a pasar algo importante? La Iglesia Anglicana ¿tiene una base teológica real y una historia o es sólo un desprendimiento de la novela inglesa de suspenso que inventó a estos párrocos investigadores sin celibato para que pudieran tener acceso no sólo a la mente sino también al cuerpo de sus feligreses? Estos personajes y estas situaciones, ¿son los que motivaron este tipo de literatura, o sus efectos?


Publicado parcialmente en ADNCultura de La Nación (Buenos Aires). 24 de mayo de 2008.

mayo 17, 2008

Contribución a un diccionario (posible) de (nueva) narrativa alemana

Una literatura nacional se compone principalmente de libros y de autores, pero también de redundancias y deficiencias que hacen su clasificación ―en particular si esta literatura está viva, y la alemana lo está― tan difícil y arbitraria que la tarea parece absurda. Esta contribución a un diccionario breve de nueva narrativa alemana ―o más bien debería decirse "germanoparlante"― señala algunas tendencias que ofician de atalayas desde las cuales observar el panorama, pero no ignora que a sus categorías las podrían haber suplantado otras y que estas quizás no describieran mejor lo que hay, una literatura inusualmente rica pero desconocida.

Frauenliteratur f: literatura de mujeres f. Su origen es la suposición de algunos editores de que esto es lo que un gran número de lectoras quiere leer, una suposición validada, curiosamente, por un gran número de lectoras. Su tema es el amor y las dificultades para encontrarlo por parte de heroínas que son urbanitas, exitosas y jóvenes ―siempre entre treinta y treinta y tres años de edad― pero que aún esperan al príncipe azul, a cuyas sucesivas encarnaciones se enfrentan. Su solución a la sucesión de desengaños que eventualmente padecen erizaría los pelos de las piernas de cualquier intelectual feminista de la generación anterior: se cambian el peinado, se depilan y esperan una llamada telefónica que saben no llegará. Entre los cientos de escritoras y escritores de la tendencia, todos más o menos intercambiables, se puede destacar a Andrea Brown, autora de Frösche und Prinzen [Ranas y príncipes] (1997), a Daniel Bielenstein (1968), autor de Die Frau fürs Leben [La mujer para toda la vida] (2003), que expresa una nueva forma de masculinidad, sexualmente activa y triunfadora profesionalmente pero sensible, y a la exitosa Ildikó von Kürthy (1968), redactora de la revista Stern y autora de novelas como Herzsprung [Brinco del corazón] (2001) y Blaue Wunder [Sorpresa] (2004), entre otros. Una escritora que se aparta de este tipo de literatura es Thea Dorn (Offenbach 1970), autora de relatos policiales cuyos personajes suelen ser mujeres pragmáticas que, en la búsqueda de la perfección a la manera feminista, se ven envueltas en crímenes como la pérdida del tiempo y la maternidad, como en su novela Die Brut [La cría] (2004). Johanna Adorján (Estocolmo 1971), autora de Die Lebenden und die Toten [Los vivos y los muertos] (2004), por su parte, es una de las más activas luchadoras contra la Frauenliteratur, a la que acusa de conservadora y estúpida con un acierto y una falta de sentido del humor como la copa de un pino.

Gegenwart f: presente m. Mientras los escritores del →Wenderoman se ocupan del pasado, existen también otros autores interesados en los cambios que se producen bajo la superficie de la Alemania heterogénea pero normalizada del presente. Uno de ellos es Andreas Maier (Bad Nauheim 1967), quien ha publicado las novelas Wäldchestag (2000), Klausen (2002) y Kirillow (2005), esta última el relato de una amistad entre dos jóvenes estudiantes en Frankfurt del Main que pretenden averiguar cómo diferenciar una vida verdadera de una falsa y se manifiestan políticamente contra el transporte de residuos atómicos. Jakob Hein (Leipzig 1971) es otro de sus autores. Su novela Herr Jensen steigt aus [El señor Jensen se baja] (2006) es un interesante estudio acerca de un empleado del correo que es despedido y cae en el desempleo primero y luego en la miseria y la indiferencia, una situación que, tras el abandono del estado de bienestar a partir del final de la gestión del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, es una realidad para una parte importante de la población alemana.

Migrationsliteratur f: Literatura de la inmigración f. Esta etiqueta es utilizada por, o se le aplica a, autores germanoparlantes con un transfondo existencial de inmigración (véase también →Türke). Se puede obtener un buen panorama de esta literatura en la antología de Jamal Tuschick Morgen Land. Neueste deutsche Literatur [Levante. Novísima literatura alemana] (2000). Entre sus representantes no turcos se encuentran Aglaja Veteranyi (Bucarest 1962-Zurich 2002), Oleg Jurjew (Leningrado, actual San Petersburgo 1959), quien escribe en ruso pero vive en Frankfurt del Main, el escritor judío de origen ruso Maxim Biller (Praga 1960), Rajuna Jeger (Zagreb 1968), que debutó en 2001 con Darkroom y fue comparada con Ernst Jünger y Breat Easton Ellis, lo que aparentemente es un elogio, el dramaturgo de origen armenio Nuran David Çaliş (Bielefeld 1976) y Wladimir Kaminer (Moscú 1967), que vive desde 1990 en Berlín ―adonde llegó sin saber alemán― y es hoy el más exitoso autor extranjero germanoparlante. Su debut literario, Russendisko [La discoteca rusa] (2000) reunía relatos escritos para un periódico, pero los de Die Reise nach Trulala [El viaje a Trulalá] (2002) y Mein deutsches Dschungelbuch [Mi libro alemán de la selva] (2003) y la novela Militärmusik [Música militar] (2001), entre otros, fueron escritos especialmente para su publicación en libro y para las lecturas públicas, un marco en el que la literatura de Kaminer mejora gracias al extraordinario talento escénico de su autor. Su literatura en sí carece de pretensiones, lo que la acerca a lo más honesto e interesante de la literatura →Pop pero su aparente simplicidad esconde una capacidad de observación y un talento para la miniatura que lo destacan por sobre los demás. Nostálgicos de la URSS y comunistas deberían abstenerse de leer su libro Küche totalitär [Cocina totalitaria] (2006), un libro de recetas soviéticas escrito junto a su mujer que puede explicar la inevitabilidad de la caída del comunismo mejor que cualquier libro de sociología. La etiqueta de Migrationsliteratur sólo funciona parcialmente, sin embargo; algunos libros como Selam Berlin (2003) de Yadé Kara (Cayirli,Turquía 1965) son tanto novelas de extranjeros como →Pop e integrantes del subgénero del →Wenderoman.

Pop n: pop m. Su teórico es Florian Illies (Schlitz 1971), periodista de la sección berlinesa del prestigioso Frankfurter Allgemeine Zeitung hasta 2004 y autor del bestseller Generation Golf (2000), un controvertido ensayo sobre los nacidos entre 1965 y 1975. Su retrato es el de una generación hedonista, acrítica e individualista, que rechaza las consignas de la generación de los padres ―la de 1968 y alrededores, con su énfasis en el compromiso político y el pensamiento individual― pero se muestra desinterada por la política y obsesionada con el consumo y la búsqueda del éxito profesional a través de medios otros que el esfuerzo. La literatura de y sobre esta generación es superficial y pop y su rasgo principal es la uniformidad de propuestas estéticas, biografías e intereses no sólo literarios de sus autores, por ejemplo los miembros del autodenominado "popkulturelles Quintett" [quinteto popcultural]: Joachim Bessing (Bietigheim 1971), Christian Kracht (Gstaad 1966), Eckhart Nickel (Frankfurt del Main 1966), Alexander von Schönburg (Mogadischo, Somalia 1969) y Benjamin von Stuckrad-Barre (Bremen 1975). Sus personajes oscilan entre el aburrimiento, el amor a sí mismos, y el entusiasmo inducido por las substancias. Un buen ejemplo es el narrador de Faserland [deformación de "Vaterland", "patria"] de C. Kracht (1995), un dandy de nuevo cuño, políticamente apático pero incluso así lo suficientemente sensible para percibir la decadencia moral y el provincialismo alemán, cuya tristeza sutil y cínica y su sarcasmo moralista no condescienden del todo a la aceptación pero tampoco a la rebeldía. Faserland ―cuya deuda con Less tan zero de Bret Easton Ellis fue señalada en su momento por la crítica― narra un viaje del norte al sur de Alemania y constituye un "Estado de la Nación" para la década de 1990 repleto de fiestas, cocaína, tabaco, socialistas imbéciles y nazis. No es fácil determinar si Kracht y los otros escritores pop toman en serio su producción literaria o no, y esta divergencia divide aguas. Entre quienes sí parecen hacerlo están Rolf Dobelli (Lucerna 1966), autor de Fünfunddreißig [Treinta y cinco] (2003), y la narradora y poeta Tanja Dückers (Berlín Occidental 1968), quienes se ocupan de la crisis de los treintañeros en una sociedad en la que estos son enfrentados a la exigencia de ser exitosos, pasárselo bien y tener hijos, aspiraciones completamente contradictorias para cualquiera con sentido común excepto para los autores, y Sophie Dannenberg (1971), pseudónimo de Annegret Kunkel. Su debut literario fue el polémico Das bleiche Herz der Revolution [El corazón pálido de la revolución] (2004), una novela en la que es puesto en duda el supuesto carácter antiautoritario de la educación a los hijos, la emancipación femenina y la sexualidad libre que fueron los argumentos principales de la así llamada "Generación de 1968", a la que la autora ataca con una rabia difícil de encontrar en la literatura germanoparlante contemporánea. El libro generó un debate de características más o menos virulentas en el que los autores pop hicieron piña alrededor de la autora y su ataque a la generación de los padres, a la que los autores pop ―que son radicalmente conservadores― consideran demasiado liberal. Por otra parte, entre quienes no parecen tomarse las cosas en serio está Alexa Hennig von Lange (Hannover 1973), quien debutó en 1998 con Relax, una novela amoral y divertida sobre la escena rave, y en 2003 publicó Woher ich komme [De dónde vengo]. Su imagen de princesa pop no es extraña a Kerstin Grether (1975), cantante del grupo “Schwester Mitternacht” [Hermana medianoche] y autora de Zuckerbabys [Bebés de azúcar] (2004) y Zungenkusss [Beso de lengua] (2007). Pero el auténtico mascarón de proa de la literatura pop alemana es Benjamin von Stuckrad-Barre. Stuckrad-Barre es uno de los más exitosos escritores de su generación, principalmente gracias a un profundo conocimiento del negocio literario, pero también en virtud de la adaptación cinematográfica de su debut Soloalbum (1998) (→Verfilmung), al que siguieron Livealbum, Remix (1999), Blackbox (2000) y Remix 2 (2004). El autor concibe sus libros como discos o, mejor aún, como esas cintas caseras que se solían crear para amigos o novias ―el paralelo con High Fidelity de Nock Hornby es, en ese sentido, evidente― y este recurso le dió frescura a su narrativa y atrajo la atención del público durante un tiempo hasta que su repetición condujo a los lectores a otros autores y otros libros. Stuckrad-Barre ha reconocido recientemente su adicción a la cocaína pero no ha hecho mención a la que lo lleva a buscar los focos de la atención pública, los que en los últimos tiempos resplandecen para él con la luminosidad mortecina de las salidas de emergencia de los aviones y de las farmacias de turno. Su egomanía es tal que, al estrenarse su película Ich war hier [Estuve aquí] (2004) la noticia era que, como escribió Jan Feddersen en el Tageszeitung, "Benjamin von Stuckrad-Barre rodó un filme que no trata de él". Sobre su literatura se dijeron cosas como que era "divertida, pero no literatura" (Thomas Steiner), y, con ella, empezó a percibirse un agotamiento de la literatura pop a partir de 2001. Las razones para tal cosa eran varias, entre ellas, la saturación del mercado de novelas del subgénero y el envejecimiento de sus principales autores y su conversión en padres de familia y titulares de hipoteca, fin inevitable de la literatura pop y de la juventud en todas partes, además de fenómenos socioeconómicos como el aumento del desempleo y el clima de angustia surgido tras el 11 de setiembre, que acabó con la así llamada "Spaßgesellschaft" [sociedad de la diversión] de la Alemania de la década de 1990. Quizás Kracht haya sido el primer autor en verlo, y su novela 1979 (2001) es el relato de un viaje de dos frívolos jóvenes alemanes por un Irán apocalíptico en los prolegómenos de la revolución del ayatolá Jomeini, todo un desafío para un autor cuyos temas habían pertenecido hasta ese momento a un escenario que la revolución islamista rechazaba y que el propio libro muestra como vacío y fútil. Jäger [Cazadores] de Marc Fischer (Hamburgo 1970) y Angela Davis löscht ihre Website [Angela Davis elimina su página web] (2002) de Andreas Neumeister (Starnberg 1959) representan, en ese sentido, una reacción de desencanto hacia la literatura pop que se manifiesta en los personajes errantes del primero y los ensayos del segundo, frívolos pero recelosos a la vez de su propia frivolidad. "La nueva seriedad" de los autores alemanes jóvenes tiene un buen ejemplo en el último libro de J. Bessing, Rettet die Familie! [¡Salvad la familia!] (2004), un alegato poco pop a favor de los viejos valores de un autor que no parece haber girado nunca a la derecha sino haber estado allí siempre. Todos esperan nuevas ideas de los otros escritores pop, y probablemente ellos también, ya que sus carreras dependen de ello. Mientras tanto, la literatura pop alemana es un cadáver, pero uno muy influyente.

Qualität f: calidad f. Sin ser necesariamente serios en otra cosa que no sea la determinación de escribir buena literatura, los autores alemanes de calidad pueden ser incluidos en una lista arbitraria que debería comenzar con Julia Franck (Berlín Oriental 1970), autora entre otros de Der neue Koch [El cocinero nuevo] (1997) y Lagerfeuer [Fuego de campamento] (2003) ―novela autobiográfica acerca del encuentro de cuatro personajes en fuga de la República Democrática de Alemania (RDA) en el campamento de acogida de Berlin-Marienfelde, que la autora conoce por haber llegado allí tras su huida en 1978― y ganadora del último Deutscher Buchpreis con Die Mittagsfrau [La mujer de mediodía] (2007), la historia de una mujer entre dos guerras. Forman parte también de la lista Thomas von Steinaecker (Munich 1977), autor de un promisorio debut literario con su novela familiar Wallner beginnt zu fliegen [Wallner comienza a volar] (2007), Thomas Glavinic (Graz 1972), quien debutó con Carl Haffners Liebe zum Unentschieden [El amor de Carl Haffner a la indecisión] (1998) y luego publicó otros libros como la interesante parodia de textos de autoayuda Wie man leben soll [Cómo hay que vivir] (2004), toda narrada en modo impersonal, y Das bin doch ich [Pero ese soy yo] (2007), Daniel Kehlmann (Munich 1975), autor de Ich und Kaminski [Yo y Kaminski] (2003), una sátira sobre el negocio artístico centrada en la falsa biografía del pintor del título que recuerda a Josep Torres Campalans de Max Aub, y, especialmente, Die Vermessung der Welt (2005), un bestseller imprevisto y tal vez involuntario acerca de la amistad entre el matemático Carl Friedrich Gauß (1777–1855) y el naturalista Alexander von Humboldt (1769–1859), Felicitas Hoppe (Hamelín 1960), autora de Picknick der Friseure [El picnic de los peluqueros] (1996) y Johanna (2006), entre otros libros, y Terézia Mora (Sopron, Hungría 1971), autora de los relatos de Seltsame Materie [Materia extraña] (1999) y de la muy elogiada novela Alle Tage [Todos los días] (2004) que también forma parte de la así llamada →Migrationsliteratur.

Spanien n: España f. Pese al esfuerzo de personas como Michi Strausfeld, una de las editoras que más ha hecho por dar a conocer la literatura alemana en España, el país mediterráneo que constituye el destino turístico preferido de muchos alemanes no es necesariamente un buen sitio para su literatura. De los autores y libros mencionados en este breve diccionario, sólo han sido traducidos y publicados los siguientes: Klausen de A. Maier (Tusquets 2005), Por qué se cuece el niño en la polenta de A. Veteranyi (Lengua de Trapo 2002), La disco rusa (Nuevas Ediciones de Bolsillo 2003) y Música militar (RBA 2004 y 2005) de V. Kaminer, Historias simples de Ingo Schulze (Destino 2000), Zona de tránsito [Lagerfeuer] de Julia Franck (Tusquets 2007), 1979 (Alfaguara 2004) de C. Kracht, Yo y Kaminski (El Acantilado 2005) y La medición del mundo (Maeva 2006; Círculo de Lectores 2007; hay tambien traducciones al gallego: Galaxia 2006, y al catalán: Angle 2006) de D. Kehlmann, Todos los días (Roca 2006) de T. Mora, Felidae (Urano 1995; y traducción al catalán: Brosquil 2003) de A. Pirinçci, Leyla (451 Editores 2008) de F. Zaimoglu y La avenida del sol [Sonnenallee] (Siruela 2001), de T. Brussig. En este contexto, C. Hein resulta, sorprendentemente, el escritor alemán reciente más traducido: de él se han publicado Amic i estrany (Empuries 1988), Verdadera historia de AH Q, la [sic] (Ayuntamiento de Madrid 1989), El final de Horn (Alfaguara 1990), El tanquista (Tres i Quatre 1990), Por tocar un tango (Mondadori 1991), Willenbrock (Anagrama 2002) y Mamá se ha marchado (SM 2005).

Türke m (~in f): turco (-a) m. Fanáticos de Schubert, lectores de Goethe y funcionarios de cierta institución de cultura alemana quizás lamenten la inclusión en este breve diccionario de literatura germanoparlante reciente de un fenómeno que no es tan reciente y de escritores que, según algunos, ni siquiera son alemanes. Se trata de inmigrantes e hijos de inmigrantes de origen turco que escriben en alemán como Zafer Şenocak (Ankara 1961) y Akif Pirinçci (Estambul 1959), parte de una literatura que hasta mediados de la década de 1990 permaneció en el sótano con los cajones de cerveza vacíos y las ratas. Fue a partir de esa fecha aproximadamente cuando esta literatura se multiplicó en términos cuantitativos ―hasta entonces se habían publicado apenas treinta volúmenes de poesía y apenas la mitad de relatos― pero también cualitativos, en la medida en que sus autores dejaron de lado la experiencia biográfica de la inmigración y la nostalgia de la patria, que hasta entonces habían sido los temas principales de sus obras, para volcarse a la narración de la vida cotidiana alemana, de la que son parte. Se trata principalmente de autores de la tercera generación, con excepciones como los anteriormente mencionados, para quienes la inmigración ya no es un tema y cuya literatura sólo se diferencia de la de sus colegas "completamente alemanes" por su plasticidad lingüística, por su radicalidad y porque ―al igual que el hip hop, cuyos principales cultores también son de origen turco― narra la realidad del aislamiento idiomático y del ghetto geográfico en que viven muchos extranjeros no sólo turcos con un conocimiento de ambos del que carece la mayor parte de los escritores "alemanes". Entre estos autores figuran los cuentistas Imran Ayata (Ulm 1969), autor de Hürriyet Love Express (2005), el novelista Jamal Tuschick (Kassel 1961), autor de las novelas Keine große Geschichte [Ninguna gran historia] (2000) y Bis zum Ende der B-Seite [Hasta el final del lado B] (2003), cuyo tema es la cultura juvenil de la década de 1970 en la provincianía de Kassel, el dramaturgo Feridun Zaimoglu (Bolu, Turquía 1964), el guionista Bora Dagtekin (Hannover 1978) y, en especial, el guionista, actor, productor y cineasta Fatih Akın (Hamburgo 1973), autor de los guiones de Im juli [En julio], Kebap Connection (2005) y la importante Gegen die Wand [Contra la pared] (2000). El interés no sólo alemán por su cine no es únicamente el producto de una realidad demográfica ―dos millones y medio de personas de origen turco viven en Alemania―, sino también un reconocimiento a la existencia de una identidad tanto turca como alemana trabajosamente construida. El sorpresivo Premio Nobel de Literatura de 2006 otorgado a Orhan Pamuk y la elección de Turquía como país invitado de la Feria de Frankfurt de 2008 otorgan a esta literatura una visibilidad inconcebible en otras épocas (véase también →Migrationsliteratur).

Verfilmung f: adaptación cinematográfica f. Quizás una de las cinematografías nacionales que más recurre a la literatura de su país, la alemana se ha visto beneficiada en la última década de la abundancia de novelas →Pop que pedían a gritos una adaptación cinematográfica que las mejorara. Uno de estos casos es el de la novela Liegen lernen [Aprender a estar tumbado] (2001), de Frank Goosen (1966), autor también de Pokorny lacht [Pokorny ríe] (2003) y del volumen de relatos Mein Ich und sein Leben [Mi yo y su vida] (2004). Se trata de una literatura ligera que se alimenta del mundo del consumo y del rock y cuyos personajes tienen problemas cuya dimensión épica es la que una generación apática puede permitirse: el reencuentro con el padre supuesto, ciertas experiencias sexuales vergonzosas, la rivalidad trágica entre dos amigos por una mujer o la tan alemana tarde de diapositivas con fotos de las vacaciones. Liegen lernen (dir. Hendrik Handloegten, 2003) cuenta la historia de un adolescente tímido a comienzos de la década de 1980 pero su verdadero tema es caro a la mayor parte de los miembros de la generación de su autor: la dificultad de tomar decisiones y la imposibilidad de tener una idea acerca del futuro. Soloalbum de B. von Stuckrad-Barre tuvo también su adaptación cinematográfica (dir. Gregor Schnitzler, 2002), así como Mondscheintarif de I. von Kürthy (dir. Ralf Huettner, 2001), pero también existe por lo menos un caso en el que el tránsito entre literatura y cine se hizo en sentido contrario. Se trata de la novela de T. Brussig Am kürzeren Ende der Sonnenallee [En el final más corto de la Sonnenallee] (1999), reescritura de su guión para Sonnenallee (dir. Leander Haußmann, 1998), el primer filme que echaba una mirada humorística y no exenta de nostalgia a la vida cotidiana en la RDA hacia el año 1973. Sonnenallee abrió el grifo de los filmes que exploraban el →Wenderoman, sólo precedidos por la adaptación de otra novela de Brussig, Helden wie wir [Héroes como nosotros] (dir. Sebastian Peterson, 2000), y le siguieron películas como NVA [Ejército popular nacional] (dir. L. Haußmann, 2005), con guión de Brussig y del propio director, y el exitoso Good Bye, Lenin! (dir. Wolfgang Becker, 2003), entre otros. Uno de los beneficiarios de esta tendencia es Sven Regener (Bremen 1961), autor de Herr Lehmann (2001), una mirada nostálgica al ambiente artístico y bohemio del barrio berlinés de Kreuzberg centrada en el personaje del título, un camarero contemplativo y cínico quien, pese a su desinterés en asuntos como la política o la historia, acaba siendo testigo de ella al caer el Muro. Su adaptación del mismo título (dir. L. Haußmann, 2003) ganó por partida doble el Deutscher Filmpreis y consagró a su actor principal, Christian Ulmen.

Wenderoman m: novela del cambio f. El cambio al que se alude aquí no es otro que el de la caída del Muro de Berlín y la Reunificación alemana. Sus autores suelen provenir de la RDA y su tema es a menudo la confrontación crítica con su propia existencia en aquel país y la vivencia de dos sociedades y de dos culturas excluyentes cuya unificación fue y es vivida aún por muchos de sus protagonistas como una experiencia dramática. Se trata de una literatura política en un sentido diferente a la de los grandes escritores políticos de la generación anterior como Günter Grass, ya que sus autores prefieren un acercamiento más lateral a los grandes hechos políticos, en el que estos pasan por el tamiz de una cotidianeidad enrarecida y a menudo absurda. Sus primeros ejemplos son Nikolaikirche [Iglesia de San Nicolás] (1995) de Erich Loest y Helden wie wir (1995) y Am kürzeren Ende der Sonnenallee de T. Brussig, su autor más exitoso. Otros ejemplos del subgénero son el volumen de relatos Simple Stories (1998) de Ingo Schulze (Dresde 1962), Herr Lehmann (2001) de S. Regener (→Verfilmung), Selam Berlin (2003) de Y. Kara (→Türke), Landnahme [La ocupación de la tierra] (2004) de Christoph Hein, Wie es leuchtet [Cómo brilla] (2004) de Brussig, Neue Leben [Nueva vida] (2005) de Schulze y la novela Mein erstes T-Shirt [Mi primera camiseta] (2001) y los relatos de Formen menschlichen Zusammenlebens [Formas de la convivencia humana] (2003), ambos de J. Hein, cuyo tema es la infancia de su autor en la RDA y el aspecto traumático de la Reunificación, que lo arrojó a un mundo no siempre comprensible. En este contexto es relevante, además, el ensayo de Jana Hensel (ca. 1975) Zonenkinder [Niños de la zona] (2002), en el que la autora da cuenta de las circunstancias particulares de los niños de la Reunificación, quienes, siendo aún demasiado jóvenes para comprender el carácter represivo y totalitario de la vida cotidiana en la RDA, no percibieron la caída del Muro como una liberación sino como un episodio particularmente traumático de pérdida del país de origen y de la infancia. Zonenkinder y Aufgewacht. Mauer weg [Despierta. Fuera el muro] (2002) de Susanne Leinemann (Hamburgo 1968) son ensayos livianos, →Pop, cuyas autoras lamentan el final de la infancia pero olvidan que esto es lo propio de todas las infancias, no importa bajo qué sistema político y en qué circunstancias. Su amarga queja por la desaparición de su bebida favorita suena auténtica y carece de toda ironía. Así está el patio.


Publicado en Quimera 293. Abril de 2008.

mayo 04, 2008

El descubrimiento de Piglia

Ricardo Piglia (Adrogué, 1941) es uno de los escritores más importantes para comprender el estado de transformación permanente de la literatura argentina a partir de comienzos de la década de 1980. Novelista, cuentista excelente y autor él mismo de once tesis magistrales sobre el cuento, profesor universitario y crítico y fundador junto con Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano de la importante revista Punto de vista, Piglia ha sabido reunir en su obra las estéticas de Jorge Luis Borges y Roberto Arlt, consideradas hasta entonces excluyentes por críticos y escritores. Sus libros de cuentos La invasión (1967), Nombre falso (1975) y Prisión perpetua (1988), sus novelas Respiración artificial (1980), La ciudad ausente (1992) y Plata quemada (1997) y los ensayos reunidos en Crítica y ficción (1986), Formas breves (1999) y El último lector (2005) le han ganado un sitio en la primera línea de los escritores de su generación junto a Juan Rodolfo Fogwill, Juan José Saer y César Aira, entre otros. Cuando en el año 1999 la editorial barcelonesa Anagrama comenzó con Formas breves la publicación de su obra reunida, ésta accedió por primera vez a la circulación internacional avalada por una de las editoriales más influyentes del ámbito hispanoamericano, y su autor tuvo dos privilegios que se conceden a pocos escritores: el de reescribir y corregir su obra y el de vivir una especie de "segunda juventud" que consiste en su descubrimiento por parte de la crítica y los lectores hispanoamericanos, para quienes la obra de Piglia es vieja y nueva a la vez, innovadora y arraigada profundamente al mismo tiempo en su tradición.

La prestigiosa Casa de América ha aportado a este descubrimiento con una semana dedicada al autor que tuvo lugar en Madrid entre el 14 y el 19 de abril pasados y que sirvió para reunir el pensamiento crítico acerca de su obra, conversar con el propio Piglia y contribuir a su consagración como uno de los renovadores de la literatura en lengua española, un puesto que sólo comparte con Roberto Bolaño y Enrique Vila-Matas.

UNA ÉPICA DEL CONOCIMIENTO

La Semana Piglia fue inaugurada con la mesa redonda "La novela paranoica", que reunió al crítico español Eduardo Becerra y a dos escritores, el español Benjamín Prado y el mexicano Juan Villoro. La mesa fue moderada por el crítico, escritor y profesor universitario Jorge Carrión, quien presentó también en el marco de la Semana Piglia su antología de textos críticos y entrevistas El lugar de Piglia. Crítica sin ficción (ver aparte). Mientras que Becerra planteó la disyuntiva entre literatura y experiencia uniendo Respiración artificial y El último lector, Villoro invirtió las relaciones entre historiador y novelista en Respiración artificial y relacionó la narrativa de Piglia con la de Juan Carlos Onetti por su interés en las formas ineficaces de narrar. La siguiente mesa redonda, "Piglia en imágenes: cine y cómics", fue coordinada por Justo Barboza y dejó los testimonios de Fernando Spiner, cineasta argentino que dirigió el filme de ciencia ficción La sonámbula (1998) y escribió su guión junto al propio Piglia, y del dibujante Luis Scafati (Fati), quien narró el proceso de creación de su novela gráfica La ciudad ausente, basada en la novela de Piglia y adaptada por Pablo de Santis. La mesa tuvo además la intervención del escritor argentino Marcelo Figueras, quien formuló el preocupante diagnóstico de que "los narradores argentinos han perdido el rumbo" y los instó a "no escribir raro y reclamar nuestro derecho a reescribir los grandes relatos". En la siguiente mesa, "Formas breves: el cuento", el crítico español Ignacio Echevarría sostuvo que "el cuento es el género central en la obra de Piglia", cuyo tema principal es a su vez "la crisis de la experiencia", la que "ya no puede ser el tema del relato" y es reemplazada por "los relatos mismos, que son utilizados como elementos para refundar la experiencia", en lo que Echevarría denominó "una épica del conocimiento". El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, por su parte, habló acerca de la "relación incierta o tramposa entre realidad y ficción en la obra de Piglia", a la que llamó "la hipertrofia del apócrifo". La crítica argentina Graciela Speranza se refirió finalmente a la "perversión del género autobiográfico" en la narrativa del autor de Respiración artificial, al que inscribió en "el regreso del autor después de su muerte crítica". La relación entre crítica y ficción fue el tema de la mesa redonda moderada por la crítica, poeta y profesora universitaria española Esperanza López Parada, quien definió la obra de Piglia como el resultado de "la ficcionalización del ensayo y la crítica de la ficción". En ella, el escritor argentino Pablo de Santis resumió con claridad didáctica los diez puntos más relevantes del ensayo de Piglia, el crítico español Juan Antonio Masoliver Ródenas discutió la novela Plata quemada, que consideró "una de las mejores novelas argentinas del siglo XX", y el escritor argentino Alan Pauls se refirió a la importancia del "último" en la obra de Piglia. Antes del cierre a cargo del pianista argentino Gerardo Gandini, Piglia dió una "conferencia magistral" bajo el título: "¿Qué será la literatura? Tres historias de infancia". En ella se refirió a los cambios introducidos por la técnica en la producción de la literatura, destacando que "la literatura usa mal la técnica y la convierte también en literatura" y afirmando que "en la escena contemporánea, la velocidad de circulación y acceso a la literatura encuentra un obstáculo en el tiempo de lectura, que no se ha podido acelerar"; las tres historias de infancia del título narraron el descubrimiento de la literatura por parte del escritor durante su infancia y fueron el espejo del descubrimiento por parte de los lectores españoles de un autor y de su obra.


APOYO: LA BIBLIOTECA MÓVIL

El lugar de Piglia. Crítica sin ficción (Candaya, 2008), el volumen de ensayos críticos y entrevistas editado por Jorge Carrión, fue presentado en el marco de la Semana Piglia de Casa de América con la asistencia de la editora Olga Martínez, Juan Villoro y el propio Piglia. Según Martínez, la idea fue "reunir el mejor cuerpo crítico de los autores que nos gustan" y tuvo como disparador la lectura en julio de 2003 de La escritura como tauromaquia, una selección de artículos sobre Roberto Bolaño hecha por Celina Manzoni. El lugar de Piglia. Crítica sin ficción reúne en su apartado "Piglia y sus precursores" ensayos académicos acerca de la relación de Piglia con Witold Gombrowicz, Rodolfo Walsh, J. C. Onetti, los rusos y la gauchesca. Le sigue "El lugar de Saer", en el que se reúnen ensayos de Graciela Speranza, Daniel Link y Juan José Saer además de una excelente entrevista de Juan Villoro al autor que contribuyen a un diálogo entre los dos escritores argentinos. El tercer apartado, "Piglia y el cine" reúne un ensayo y una entrevista sobre el tema realizados por el cineasta rosarino radicado en Barcelona Emiliano Ovejero. "Afterpiglia" se ocupa de la recepción crítica contemporánea de la obra del escritor y reúne reseñas que cubren el arco comprendido entre 1969 y 2007. El volumen se completa con una entrevista al autor realizada en Barcelona en 2006 por Jorge Carrión y un prólogo, también de Carrión, en el que se exploran las duplicidades de la obra de Piglia. Para el autor, "estos libros, en la tradición italiana y anglosajona, estimulan la producción crítica y son como bibliotecas móviles". El lugar de Piglia. Crítica sin ficción es, además, "una invitación al diálogo intergeneracional" (Carrión) debido a la gran cantidad de críticos jóvenes que escriben en él y permite "ver a los pares criticando, lo que no es habitual en el ámbito hispanohablante" (Villoro). Candaya distribuirá en breve la obra en Argentina.


Publicado en Señales, suplemento de cultura de La Capital de Rosario (Argentina). 4 de mayo de 2008.