agosto 20, 2008

Un autor y un itinerario

Australia. Un viaje
Jorge Carrión
Córdoba: Berenice, 2008

Quienes compran sus vacaciones con meses de anticipación y los asiduos del departamento de viajes de un conocido centro comercial desconocen —sin que esto les pese en absoluto— la diferencia sutil pero importante entre el viajero y el turista. El viajero nunca regresa; los conocimientos que adquiere durante su viaje y las experiencias que acumula le transforman y devuelven al punto de partida una persona distinta. El turista, por su parte, regresa de sus vacaciones siendo esencialmente el mismo, un poco más bronceado pero, por lo demás, ratificado en las opiniones que tenía previamente a la partida. El turista hace turismo —su "dios es bifronte" escribe Carrión en este libro: "ocio y consumo"—, pero el viajero viaja. En estos tiempos de mercantilización de la experiencia en que las agencias de viaje ya no venden un sitio determinado sino sensaciones y experiencias que el cliente tendrá supuestamente en ese sitio —"disfruta de", "relájate en" o "descubre el" son algunos de sus reclamos más habituales— la diferencia entre viajero y turista se ha borrado o ya no importa. En la madrileña Casa del Libro, Australia. Un viaje se encuentra en la sección de guías de viaje, lo que por supuesto no es. Australia. Un viaje es el diario de un desplazamiento físico y de unas lecturas, el relato del descubrimiento personal de una historia olvidada de la inmigración española y de las raíces familiares y el hallazgo de una voz narrativa excepcional, aunque —bien pensado— tal vez sea también una guía, después de todo: la que introduce a una nueva forma de narrar el viaje.

En 1958 los gobiernos de España y Australia acordaron un programa de inmigración asistida que entre esa fecha y 1963 facilitó la llegada a Australia de cerca de ocho mil españoles que encontraron trabajo en los ingenios azucareros del norte de Queensland. Uno de ellos era el hermano de la abuela del autor, quien viajó a Australia con su esposa y sus tres hijos al mismo tiempo que el resto de la familia se radicaba en Cataluña. Entre julio y agosto de 2002, Jorge Carrión viajó por Australia circunvalando el país en autobuses y aviones con la finalidad de restituir la relación entre ambas partes de la familia, pero su viaje también le permitió descubrir un capítulo olvidado de la historia de la inmigración española del que sólo se había ocupado con anterioridad un puñado de obras entre las que destacan un documentado ensayo de Ignacio García (1999) y el libro de William A. Douglass Azúcar amargo: vida y fortuna de los cortadores de caña italianos y vascos en la Australia tropical (1996).

Como en los mejores libros de Bruce Chatwin, Jon Krakauer o Robert D. Kaplan, el aspecto específicamente histórico de la inmigración española a Australia —al que hay que sumar el interés del autor por la fundación en la región de Western Australia del monasterio de Nueva Nursia o New Norcia por parte de los monjes benedictinos José Benito Serra y Rosendo Calvado en 1846— ocupa un lugar preferente sin que por ello la obra deje de formar parte del género. Australia. Un viaje es pues el relato de un viaje en el que el pasado no sólo es documentado o recogido en el testimonio de quienes lo vivieron sino que permea toda la escritura, que de esa forma se convierte en el testimonio de la inmersión en el pasado de un autor hecha a través del viaje.

Bastante más desafiante para las convenciones del relato de viaje —narrado aquí a la manera de un diario— es la utilización de la segunda persona del singular: el narrador relata a un "tú" cuyo nombre, ocupación e historia familiar coinciden con los del autor —y presumiblemente con los del narrador— el viaje que en el momento de la escritura realiza por Australia. Se trata de una apuesta arriesgada contra las convenciones del género, pero el resultado no sólo es atrapante y adecuado desde el punto de vista poético, sino que contribuye también a una refundación radical del género de viajes, que aquí atrae a otras voces de otros ámbitos que lo dotan de un relieve y una profundidad inusitados. La situación de enunciación aquí no es sólo la de "al estar allí he visto" que caracteriza a la literatura de viajes, aunque tampoco únicamente la de "estoy aquí y veo" del diario o la de "no estoy allí pero sé que alguien ha visto y lo ha documentado" del relato histórico, sino algo mucho más interesante, que podría ser descrito como "tú estás allí y viajas y sabes que alguien ha visto y lo ha documentado" y es también la de "ellos fueron y por lo tanto yo soy", que atraviesa las mejores páginas del libro.

"En quienes no he cejado de pensar ha sido en Maite, Jesús, José y los demás, porque pensar en ellos era pensar en mí, porque escribir sobre mí era escribir sobre ellos, porque rastrear su itinerario vital por el este de Australia era de algún modo perseguir el mío, en un mapa que aún está por definir" escribe el autor. Esas líneas —y las dedicadas a la familia, las más conmovedoras del libro— señalan la confirmación de un autor y de un itinerario que están entre lo mejor que la literatura española reciente tiene para ofrecer.


Inédito. 20 de agosto de 2008.

agosto 19, 2008

"El futuro no es nuestro"

El escritor Diego Trelles Paz (Lima, 1977) ha seleccionado y prologado la antología de narrativa hispanoamericana reciente El futuro no es nuestro, publicada en formato electrónico por la revista colombiana Pie de Página. La muestra está compuesta por 63 relatos de narradores latinoamericanos de 16 países nacidos entre 1970 y 1980 y a los que, contra lo que dice el título, el futuro tal vez sí les pertenezca. Como lo hacía Eduardo Becerra en la monumental Líneas Aéreas (Madrid: Lengua de Trapo, 1999) con los escritores nacidos en la década anterior, Trelles Paz ofrece aquí una selección que es una invitación al descubrimiento.

El prólogo de Diego Trelles Paz y el texto introductorio de Naief Yehya (Ciudad de México, 1963), aquí.

"El viaje", aquí.

agosto 06, 2008