junio 26, 2009

¿Para qué sirve la literatura argentina?

La literatura argentina no sirve para que sus escritores se hagan ricos. Desde luego, tampoco sirve para que sus editores se hagan ricos. La literatura argentina nunca hará ricos a sus lectores, no importa cuánto lo intente. La literatura argentina no sirve para eso y tampoco sirve para solucionar ninguno de los problemas en los que los argentinos se meten periódicamente. La literatura argentina no puede remediar ni una sola injusticia, no puede restituir ninguna pérdida. La literatura argentina no sirve para ligar; desde luego, el escritor argentino liga más que el escritor alemán o que el escritor canadiense o, ya puestos a ello, que el escritor austríaco, que generalmente muere virgen después de asesinar a su madre y conservar su cadáver cuatro meses en el sótano de su casa; pero el escritor argentino liga muchísimo menos que el escritor francés o el checo, cuyas literaturas son las literaturas del ligue por definición; creedme, amigos: no hay nada que se pueda hacer para remediarlo. La literatura argentina no hará la revolución, por supuesto: no hay nadie que la desee menos que sus escritores. La literatura argentina, al menos la peor literatura argentina, se pondrá siempre del lado de las causas más estúpidas: dondequiera que haya algún miembro de la clase media argentina reclamando que el gobierno mete la mano en su bolsillo, allí estará la literatura argentina elevando su vocecilla ridícula. Pero no será la literatura argentina en su totalidad sino sólo un travestí de la literatura argentina; puede incluso que hasta tenga un bigotillo y hable con nostalgia de tiempos mejores. La literatura argentina no sirve ni siquiera para cambiar la literatura argentina. La literatura argentina no le devolverá la vida a Rodolfo Walsh ni a Haroldo Conti ni a Paco Urondo ni a Héctor G. Oesterheld ni a los miles de asesinados por la última dictadura; tampoco a los muertos en la miseria, a los que asesina la policía o los criminales, a los que lo perdieron todo. Sin embargo, la mejor literatura argentina se esfuerza, de alguna manera, para que sus vidas no hayan transcurrido para nada y en eso está toda su gloria. La literatura argentina sirve para restituir a través de la ficción un sentido de dignidad y de justicia a un país en el que ambas cosas suelen escasear. La literatura argentina hace de un vicio privado, la mentira, una virtud pública, y en eso se encuentra su interés y su fuerza. La literatura argentina que escriben César Aira y Ricardo Piglia y Alan Pauls y Rodrigo Fresán y Guillermo Saccomanno y Elvio E. Gandolfo y Damián Tabarovsky y Marcelo Cohen y Rodolfo Fogwill sirve sin quererlo para que los más jóvenes sintamos que tenemos una tradición de pertenencia, un país imaginario al que, a diferencia del verdadero, es un orgullo pertenecer. La literatura argentina sirve para que los argentinos nos sintamos más guapos aunque, como sabéis, un argentino no necesita a la literatura argentina para sentirse así. La literatura argentina sirve para hacer feliz a sus lectores, los argentinos y todos los otros. La literatura argentina, en definitiva, no sirve para nada; son sus escritores los que tienen que hacer que sirva, con su dignidad y su voluntad y su determinación.


Texto inédito. Leído en la librería Palabras (San Lorenzo, Argentina) en octubre 9 de 2008.