octubre 09, 2009
Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009: En nombre de los desposeídos por la Historia
Muy probablemente la escritora alemana Herta Müller haya sido la primera sorprendida ante la concesión ayer del Nobel de Literatura 2009, un premio para el que los candidatos que más sonaban este año eran los estadounidenses Thomas Pynchon, Joyce Carol Oates y Philip Roth, el israelí Amos Oz y el albanés Ismail Kadaré. No es improbable tampoco que la noticia le haya hecho feliz, aunque ese sentimiento, la felicidad, aparece poco en su obra. Müller, nacida el 17 de agosto de 1953 en el poblado rumano de Nitzkydorf es autora de una obra extensa y compleja sobre la que planea la sombra de su dificultosa vida. Despedida de la fábrica en la que trabajaba por negarse a colaborar con la policía secreta de su país, durante años Müller se ganó la vida malamente dando clases particulares de alemán y trabajando como maestra. Su primer libro, En tierras bajas (1982), sólo pudo ser publicado después de cuatro años de demora y tras pasar por la censura del régimen de Nicolai Ceacescu, bajo el cual Müller ya no pudo vivir después de que en 1984 la misma obra fuera editada sin censura en Alemania y a la autora se le prohibiera volver a publicar en su país. En 1987 Müller consiguió escapar a la República Federal de Alemania con su marido de entonces, el también escritor Richard Wagner, y allí comenzó a desempeñarse en universidades alemanas y del extranjero al tiempo que continuaba escribiendo. Muy pronto su obra fue reconocida como la crónica más brutalmente honesta de la persecución y la represión de las minorías bajo los gobiernos totalitarios y, en particular, del triste destino de la minoría germanoparlante de Centroeuropa, a la que la propia autora pertenece; tras el final de la Segunda Guerra Mundial, sus miembros, a menudo asentados desde hacía décadas en países como Rumania, Checoslovaquia y Polonia, fueron vistos como colaboradores de los ocupantes nazis y, por lo tanto, como enemigos, y sometidos a una persecución que les llevó a la huída y a la desaparición. La última novela de la autora, Atemschaukel (2009), narra precisamente la historia de un adolescente perteneciente a esa minoría que tras el final de la guerra es internado en un campo de trabajo soviético, pero el tema ya estaba presente en su debut literario. En los relatos de En tierras bajas los habitantes de un poblado de lengua alemana en la Rumania rural vivían una existencia que, incluso filtrada a través de la mirada infantil de la narradora, era brutalmente opresiva, y en la que leyendas y supersticiones populares se mezclaban con los datos objetivos de la persecución estatal, la desintegración y la derrota, todo narrado "con la concentración de la poesía y la franqueza de la prosa", como ha destacado la Academia sueca en su fallo. La obra de Herta Müller es una demostración de que el lirismo no está necesariamente reñido con la denuncia, una opinión compartida también por otra Premio Nobel germanoparlante, la austríaca Elfriede Jelinek. A Müller y a Jelinek las une la convicción de que la verdad íntima del lenguaje es su radicalidad, y con los austríacos Thomas Bernhard y Peter Handke comparte Müller el rechazo radical de cualquier tipo de nacionalismo; la recreación de la infancia vincula finalmente su obra con el libro más importante del también Premio Nobel Günter Grass, El tambor de hojalata, y con sus obras más recientes como Pelando la cebolla. Autora de veintidós libros entre novelas, poesía y ensayo, traducidos ya a veinticuatro idiomas, Müller es parte del paisaje literario alemán desde hace tiempo y, sin embargo, fuera de ese país gran parte de su obra es desconocida. Una obra en la que destacan los libros La piel del zorro (1992), La bestia del corazón (1994), los ensayos de Der König verneigt sich und tötet (2003) y la ya mencionada Atemschaukel. Excepto por La bestia del corazón, traducido por Bettina Blanch Tyroller para Mondadori en 1997, En tierras bajas (1990 y 2007) y El hombre es un gran faisán en el mundo (1992), publicados ambos por Siruela con traducción de Juan José del Solar y gracias a la intervención de Michi Strausfeld, La piel del zorro (Plaza & Janés, 1996), del mismo traductor, y la curiosidad de la traducción al gallego del último título por Frank Meyer, su obra aún espera el descubrimiento de los lectores españoles. Quienes hace tiempo leemos a Herta Müller envidiamos ligeramente su suerte, puesto que estos están a punto de descubrir a una de las autoras más finas de la escena literaria actual a la vez que una de las últimas voces que aún pide justicia desde la literatura para todos los desposeídos por la Historia.
Publicado parcialmente en El Mundo. Madrid, octubre 9 de 2009.
Publicado parcialmente en El Mundo. Madrid, octubre 9 de 2009.