Hay un antes y un después en la forma en que la literatura de este siglo narró la guerra, y esa divisoria de aguas se llama
Trampa 22. Más que
Los desnudos y los muertos de Norman Mailer o
Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque,
Trampa 22 satirizó la irracionalidad de la guerra y de la empresa capitalista al punto de ser convertido en el momento de su publicación en 1961 en un libro de culto para la generación que protestaba por la coincidencia de ambas en la guerra de Vietnam. El autor de aquel libro, Joseph Heller, murió el domingo doce de diciembre pasado de un ataque al corazón en su casa de East Hampton, en el estado de Nueva York. "Lo último que debería desear un hombre sensato", había escrito alguna vez, "es la inmortalidad. Para casi todos nosotros, la vida ya es demasiado larga tal como es".
LA PREHISTORIAHeller nació en Brooklyn el primero de mayo de 1923 pero creció en Coney Island. En 1942 se alistó en la Fuerza Aérea, dos años más tarde fue enviado a Italia como piloto de un bombardero B25 y allí —luego de volar en sesenta misiones por la península y el norte de Africa— se retiró como teniente una vez finalizada la guerra.
En los Estados Unidos pasó entre 1948 y 1950 por las universidades de Carolina del Sur, Columbia y finalmente Oxford —gracias a una beca Fulbright— y comenzó su carrera como escritor publicando cuentos en revistas. Después de dictar clases de escritura creativa durante dos años en la universidad estatal de Pennsylvania volvió a Nueva York en 1952 para trabajar como redactor publicitario para las prestigiosas
Time,
Look y
McCall's.
Estaba en su escritorio de
Time una mańana de 1953 cuando le surgió de la nada el comienzo de una historia que comenzó escribir allí mismo y a mano y que al terminar tituló "Catch 18". No es difícil elucidar por qué Heller recrearía luego su infancia y adolescencia: nunca nada en la vida de otro escritor se pareció tanto a una prehistoria como esos años antes de aquel trascendental momento en que la historia de su novela más famosa se materializó frente a sus ojos.
LA TRAMPA 22Las cosas sin embargo no iban a ser tan fáciles. Después de trabajar durante ocho años en su libro, llamado finalmente
Trampa 22, Heller se encontró perplejo al ver que los críticos le reprochaban el estilo y que no llegara a la épica de obras contemporáneas como
De aquí a la eternidad de James Jones y la propia
Los desnudos y los muertos de Mailer. Heller jamás olvidaría esas críticas tempranas —en particular una aparecida en
The New Yorker que sostenía que la novela incluso no parecía haber sido escrita "sino más bien escupida en el papel"— y las conservó hasta el momento en que la aparición del libro al tope de las listas de éxitos y los veinte millones de ejemplares vendidos, así como el éxito de la adaptación cinematográfica dirigida en 1970 por Mike Nichols, le permitieron pensar que no había sido él quien se había equivocado.
El protagonista de
Trampa 22 es el capitán John Yossarian, piloto de un bombardero estacionado en la isla mediterránea de Pianosa durante la Segunda Guerra Mundial. Yossarian está convencido de que las probabilidades matemáticas de sobrevivir están en su contra y por ello pretende evadirse argumentando que ya cumplió con las misiones requeridas para ser dado de baja. Pero el alto mando prorroga indefinidamente ese número de misiones, y para Yossarian la única forma de ser exceptuado de seguir prestando servicios es declararse insano, aunque —le informan— si estuviera insano querría continuar peleando puesto que sólo un loco acepta arriesgar su vida, así que querer parar con las misiones es muy razonable y demuestra que debe seguir volando porque no está lo suficientemente loco. Esa es la "trampa 22" del título.
Hablar más de la novela obligaría a contar su argumento. Yossarian está rodeado de locos —el capellán RO Shipman, el enamoradizo Nately, el imposible coronel Cathcart, el impenetrable Orr, el comandante Digno Coronel Coronel— que tratan de sobrevivir mediante complejos planes y pequeñas artimañas diarias, pero el más relevante es Milo Minderbinder, un joven teniente que se enriquece haciendo negocios inverosímiles a costa del ejército. Entre todos ellos Yossarian expresa el buen sentido oponiéndose a la irracionalidad de la guerra pero, a la vez, encarna la contradicción a la que se ve sometida toda persona que tiene que participar en una sociedad donde medios y fines se han disociado. La crítica que propone la novela no se limita —como en
Los desnudos y los muertos, con la que se la comparó reiteradamente— a mostrar la brutalidad de la guerra y el hecho de que el hombre está hecho para cosas mejores. Heller duda de que la guerra no sea en realidad una continuación —paroxística, por cierto— de una vida que carece de sentido, y no está muy seguro tampoco de que el hombre sea mucho mejor de lo que él insinúa. Mailer sigue siendo hacia 1948, año de publicación de su novela, un intelectual salido de Harvard y perfectamente alineado con la visión del
New Deal rooseveltiano que afirmaba que tras la guerra se establecerían relaciones sociales más populares y humanas. Heller, en cambio, comienza a escribir
Trampa 22 cinco años después de que Mailer publicara su libro, y por entonces los Estados Unidos se debaten entre una política exterior expansionista y la caza de brujas del senador McCarthy puertas adentro. Mailer narra con rigor el autoritarismo de los altos mandos del ejército pero nunca se cuestiona que la guerra contra el nazismo alemán, el fascismo italiano y el imperialismo japonés no sea justa y necesaria. El nihilismo gozoso de Heller, por contra, hace que exima al lector de esa presuposición, y por ese motivo su crítica es más aguda y desoladora.
LOS OTROSLa segunda novela de Heller,
Algo ha pasado (1974), lo mostró exponiendo cómo el mundo financiero puede destruir la vida íntima de un empleado ambicioso. El libro era demasiado amargo incluso para alguien como Heller, quien volvió a insistir en el tema de los efectos de la prosperidad en la condición humana —esta vez en clave humorística— en su tercer novela.
Bueno como el oro (1979) es un excelente relato sobre la experiencia judía en los Estados Unidos que cruza la historia de su fracasado protagonista —Bruce Gold, un profesor universitario con una extraordinaria capacidad para humillarse en su camino hacia un improbable puesto de asesor presidencial en la Casa Blanca— con la de los desvaríos de su típica familia judía y un ataque certero y devastador al ex Secretario de Estado, Henry Kissinger. Lo había precedido una obra teatral para Broadway en la línea de
Trampa 22 que no tuvo mucho éxito,
We bombed New Haven (1967), y lo seguiría una supuesta autobiografía del Rey David en su lecho de muerte titulada
Dios sabe (1984). En ella Heller profundizaba su interés en el tema judío llevando su arriesgado sentido del absurdo al terreno bíblico bajo el axioma de que "no hay realmente mucha religión en el Antiguo Testamento".
Dios sabe —el libro menos recomendable de Heller excepto para expertos en la literatura bíblica capaces de transitar casi quinientas páginas de humoradas sobre personajes como Moisés, Abraham y el pusilánime Salomón— recibió en el momento de su publicación ciertas críticas de parte de la comunidad judía de los Estados Unidos que insistió en lo arriesgado de mostrar un Jehová que juega con el destino de los hombres mientras reconoce que "no le importa nada" y que ya no habla con un David amargado y escéptico que llama plagiario a Shakespeare y se cita a sí mismo mientras echa de menos los días de lubricidad junto a Betsabé.
En los años ochenta Heller había padecido el síndrome de Guillain-Barre que consiste en una paralización severa del sistema nervioso, y había logrado sobreponerse a esta extraña afección nerviosa que en ciertos casos lleva a la muerte imponiéndose la tarea de pensar en aquellos personajes bíblicos y en sus relaciones a menudo contradictorias con esa divinidad en la que el escritor no podía creer. Muy poco tiempo antes de morir le dijo a la periodista australiana Ramona Koval que "alguien que es un republicano ferviente, un demócrata, un comunista o un anarquista, incluso esa gente que se opone apasionadamente al aborto, todos ellos tienen algo en lo que creer. No sé si eso es virtuoso pero creo que es mejor poder creer en algo y tener una convicción sobre la vida y la vida más allá de la muerte que no tener ninguna como me sucede a mí. Eso es también la trampa 22".
Heller relató su experiencia con el síndrome de Guillain-Barre en
No laughing matter (1986), un libro más cercano al testimonio personal que a toda su obra anterior o posterior escrito en colaboración junto a su amigo Speed Vogel.
El retorno a la ficción fue con
Figúrate, que publicó en 1988. El libro narra la historia del famoso cuadro "Aristóteles contemplando el busto de Homero" de Rembrandt van Rijn, actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York. En el momento en que el holandés pinta una oreja Aristóteles escucha; en el instante en que le pinta un ojo, ve. Heller cuenta la desafortunada vida del pintor y de la Holanda de su tiempo y, a la vez, incursiona en el mundo griego de Aristóteles y de Sócrates y Platón. Pero el gran tema del libro es sin dudas el dinero y la forma en que éste sobrevuela la vida de los hombres afectando sus formas de gobierno y truncando las esperanzas individuales. Las relaciones casi siempre conflictivas entre el arte y el poder —Sócrates muriendo dignamente al aceptar una condena que sabe injusta, Rembrandt humillándose por un aumento que le permitiera mantener a su hijo, Aristóteles educando a Alejandro— se proyectan sobre la sociedad contemporánea y su culto al dinero, el mundo sobre el que Heller nunca dejó de escribir.
LA HORA DE CIERREHace unos años Heller sorprendió a propios y extraños con la noticia de que estaba preparando una secuela de
Trampa 22. El libro se llamó
Closing Time (1996), y en él Yossarian sigue tratando de convencer a los médicos de que se encuentra enfermo mientras que el materialista Milo Minderbinder maneja ahora un conglomerado de empresas que intentan venderle al gobierno norteamericano, en manos de un vicepresidente idiota, una nueva "bomba sub-supersónica invisible silenciosa defensiva y en segundo golpe ofensiva de ataque" secreta cuyo nombre en clave es "Shhh". Las peleas entre Milo y Yossarian acerca del sinsentido y la peligrosidad de los asuntos económicos vuelven aquí, y ambos se permiten recordar la vanidad norteamericana de después de la guerra mientras un mundo nuevo y grotesco aparece bajo las alcantarillas de Nueva York.
Lejos de ratificar la opinión de quienes pensaban que el autor estaba detrás de un éxito, la secuela de
Trampa 22 demostró que, antes que un fenómeno de ventas, Heller siempre ha sido un escritor.
Closing Time es un libro amargo y en absoluto autocomplaciente que cuestiona con dureza a la sociedad norteamericana. La crítica de ese país no lo recibió bien pese a todo, y el crítico Richard Seltzer sostuvo que Heller parecía "tratar duramente de ser gracioso, aunque no lo era".
El último libro del escritor norteamericano fue
Now and then, un relato de su infancia y adolescencia en Coney Island y de sus años de aprendiz de escritor que se interrumpe deliberadamente en el momento en que Heller se convierte en uno.
LA CONDICION QUE IMPIDE EL EXITOHeller formó parte de la generación de novelistas norteamericanos de la posguerra —Gore Vidal y Norman Mailer entre ellos— cuyo tema es la ambición norteamericana de construir un imperio a costa de renunciar a sus valores más sagrados y a aquellos principios que justificaban su existencia como nación. El autor de
Trampa 22 explicitó su opinión al respecto al poner en labios del demagogo Cleón en
Figúrate una sentencia con la suficiente autoridad para sobrevivir hasta el presente: "Es imposible que una democracia gobierne un imperio".
En vida, Heller no recibió grandes homenajes excepto el de la popularidad de su primera novela y el de que el
Oxford English Dictionary incluyera en su edición de 1993 la expresión que la presidía como sinónimo de "una condición que impide el éxito, un dilema en que la víctima no puede ganar". Esa es la "Trampa 22" y Joseph Heller lo supo siempre.
APOYO 1. LA PELICULAEn 1970 Mike Nichols realizó una adaptación cinematográfica de
Trampa 22 con un elenco integrado por Alan Arkin, Anthony Perkins, Jon Voight, Martin Balsam, Art Garfunkel, Martin Sheen y la aparición de Orson Welles. Heller recordó cierta vez con amargura "una conversación con Mike Nichols donde sentí que iban a estar en problemas y que iba a ser más difícil reproducir todo el libro de lo que ellos pensaban. Me acuerdo de que a ellos les gustaba un capítulo, no recuerdo cual, y yo pensaba para mis adentros que sólo era gracioso por las líneas finales y que en una película no hay espacio para diálogos extendidos. Finalmente sacaron todo". Nichols tomó la decisión más inteligente si se considera la imposibilidad de adaptar la novela de Heller, basada casi principalmente en juegos de palabras. Tomó las principales y más absurdas escenas del libro y las hizo girar alrededor de una pesadilla recurrente que tiene Yossarian. Sólo las grandes actuaciones del elenco compensan la preocupación excesiva del director por dotar a todo de un simbolismo recurrente y agotador.
APOYO 2. TODOS LOS LIBROSTrampa 22 [Catch-22] 1961,
We bombed in New Heaven, obra en dos actos estrenada en Broadway 1968,
Catch-22: A Dramatization, obra en un acto 1971,
Clevinger's trial 1973,
Algo ha pasado [Something Happened] 1974,
Bueno como el oro [Good as Gold] 1979,
Dios sabe [God knows] 1984,
No laughing matter con Speed Vogal 1986,
Figúrate [Picture this] 1988,
Closing Time 1994 y
Now and then: From Coney Island to here 1998. Heller colaboró con cuentos, reseñas y artículos en revistas como
Story,
Atlantic Monthly,
New Republic,
Nation,
Smart,
Esquire y
Cosmopolitan. Entre su trabajo para el cine hay que incluir
Sex and the Single Girl [Richard Quine, 1964],
Casino Royale [John Houston / Ken Hughes Tval Guest / Robert Parrish / Joe McGrath / Richard Talmadge, 1967), and
Dirty Dingus Magee (Metro-Goldwyn-Mayer, 1970). En español pueden conseguirse
Figúrate, [Ediciones Versal, Barcelona, 1989],
Dios sabe [Alianza Editorial, Madrid, 1986],
Algo ha pasado [Emecé, Buenos Aires, 1976],
Trampa 22 [Debate, Madrid, 1991] y
Bueno como el oro [Emecé, Buenos Aires, 1980].
Publicado en
El Cultural de
El País de Montevideo. 2004.