abril 24, 2009

Una familia muy normal

"Mi padre trabajó como abogado para la familia más rica de Nueva York hasta que su avión cayó al mar en el estrecho de Long Island. Me dejó sus clientes más importantes, los Darling: Tripp, el constructor de un imperio; Letitia, la vividora sofisticada; Brian, el hombre de Dios; Karen, divorciada profesional; Patrick, el político de principios; y Jeremy y Julia, los gemelos bien educados". Quien cuenta esto al comienzo de cada uno de los capítulos de Dirty Sexy Money es Nick George, un abogado idealista que ha pasado su infancia a la sombra de los Darling y de adulto acaba trabajando para ellos en nombre de una cierta lealtad y, desde luego, de mucho dinero. La introducción a su historia incluye un misterio menor y varios principales. El menor es si el accidente en que murió su padre fue producto de un desperfecto técnico o si fue provocado de manera deliberada. Los principales son los propios miembros de la familia Darling, puesto que el estudio de sus personalidades (que es el verdadero asunto de la serie) prueba que no hay nada menos normal que una familia y sus miembros, mucho más si éstos son los Darling.

Dirty Sexy Money fue creada por Craig Wright (responsable de varios capítulos de Lost, Six Feet Under y Brothers & Sisters, entre otros). Su tema es la potencia corruptora del dinero; en palabras de su creador, en ella "el dinero mismo es el verdadero villano. La ambición y el deseo creativo de progreso son mostrados como la verdadera fuerza destructora". Bajo su influjo, los Darling son personas maravillosas capaces de hacer cosas terribles; gran parte del atractivo de la historia depende de esa ambigüedad y de la incapacidad del espectador para, despreciándolos moralmente, dejar de sentir simpatía por ellos, puesto que aquello que los convierte en seres despreciables es el paroxismo de lo que en el estado actual de nuestra cultura son consideradas virtudes, como el sentido de la responsabilidad y la ambición de Tripp Darling (un extraordinario Donald Sutherland), la separación entre vida privada y vida pública de Patrick Darling o el hedonismo de Julia y Jeremy. Si se escarba en sus personalidades, sin embargo, estas virtudes se demuestran incapaces de otra cosa que su reverso: Tripp utiliza las habilidades sexuales de su hija para espiar a su principal enemigo; Letitia ha sido amante del padre de Nick durante décadas e incluso ha engañado a Tripp para que aceptara como suyo a Brian, producto de esa relación adúltera; el propio Brian, a su vez, tiene un hijo bastardo e intenta impedir el escándalo haciendo creer que se trata de un huérfano sueco; Patrick cultiva todos los vicios ilegales de los que dispone nuestra sociedad y Patrick tiene una amante travestí llamada "Carmelita", un descubrimiento cuya revelación podría acabar con su carrera política.

La capacidad absoluta de los personajes de corromperse en nombre de estas virtudes, y su complejidad moral, contribuyen al misterio menor de la serie. Al final de su primera temporada, la pregunta sobre quién mató al padre de Nick sigue sin ser resuelta pero, en contrapartida, Nick comprende que todos tenían razones para hacerlo. Como en las buenas historias seriadas, cada entrega resuelve parcialmente un misterio sólo para inaugurar otro más grande, que atrapará la imaginación del lector hasta la siguiente entrega. ¿Mandó Tripp Darling a matar al padre de Nick porque se acostaba con su mujer? ¿Fue la propia Letitia, por despecho? ¿O el cura? ¿Fue realmente un accidente? La serie propone estas preguntas y sólo ofrece como respuesta que todos los sospechosos podrían haber sido, al tiempo que podría no haber sido ninguno de ellos, así de grande es su ambigüedad moral, que se despliega sobre un fondo de dinero y negocios que parecen haber paralizado por completo a sus poseedores como si la sola posesión de la riqueza supusiera, paradójicamente, la pérdida de la libertad.

Finalmente (y éste es tal vez el acierto principal de la serie) sobre las identidades de los personajes de Dirty Sexy Money se superponen hábilmente las de las de personajes reales que les sirven de inspiración. En ese sentido, la serie parece responder a la consigna de qué sucedería si personajes públicos como Donald Trump, Laura Bush, Paris Hilton, Pete Doherty, Al Gore, Jimmy Swaggart y Jennifer Aniston fueran parte de una misma familia, vivieran más o menos bajo el mismo techo y uno de ellos (o todos) fuera un asesino. Al superponer estas vidas ficcionales a sus trasuntos reales, Wright y los autores de la serie parecen haber comprendido que las vidas de esos personajes públicos (con las que tan familiarizados estamos gracias a revistas como Cuore o InTouch) reemplazan en el estado actual de nuestra cultura a los personajes del folletín. Allí donde durante el siglo XIX un público lector entusiasta seguía con suspenso las vicisitudes de los personajes de Charles Dickens, George Eliot y otros grandes folletinistas de la época, el contemporáneo se desvela preguntándose si Britney Spears recuperará la custodia de sus hijos, si Lindsay Lohan saldrá finalmente de la clínica de rehabilitación o si la relación de Brad Pitt y Angelina Jolie soportará otra adopción. Las peripecias de estos personajes (que poseen la ventaja de transcurrir en el mundo real y no en su remedo) son la sustancia de la que se componen los sueños de las Madame Bovary del presente. El verdadero tema de Dirty Sexy Money es cómo nuestro interés en el uso folletinesco de la vida privada de las personas públicas nos pone ante el dilema ético de amarles condenándolos o de aceptar que el dinero del que surge su fama (y es alimentado por ella) esconde crímenes que nadie desea revelar.

Publicado en ABCD las Artes y las Letras. Madrid, abril de 2009.

Entrevista de María de Cos: "No imagino otra forma de escribir que no sea respetando la inteligencia del lector"





Publicada en Delibros 229. Madrid, marzo de 2009.

abril 15, 2009

La Noche de los Libros

En el marco de La Noche de los Libros (puede verse el vídeo de presentación aquí), un encuentro con los lectores:

Librería La Felipa
c/Pilar de Zaragoza, 37 (Madrid)
23 de abril, 19 horas

Javier Goñi sobre "El comienzo de la primavera"


Publicado en Babelia, suplemento de cultura de El País. Madrid, 4 de abril de 2009.

abril 10, 2009

La lección del maestro: "Cuaderno de notas", de Anton Chéjov

Anton Chéjov
Cuaderno de notas
Traducción y posfacio de Leopoldo Brizuela
Introducción de Vlady Kociancich
Buenos Aires, La Compañía, 2008; 187 pp.

"Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto", escribió Anton Chéjov en cierta ocasión. No es una diferencia poco importante, puesto que en ella radica la fascinación que la narrativa del escritor ruso ha provocado en varias generaciones de escritores y lectores de todo el mundo, asombrados ante su talento irreductible para explicar un mundo hostil y ajeno a los personajes a través de la observación más sutil y con una prosa de la mayor sencillez. En los mejores relatos de Chéjov es lo que no se dice lo que importa realmente, nunca lo dicho, y es por ello que este magisterio —tan bien aprovechado por Ernst Hemingway, Raymond Carver o Tobias Wolff— permanece sólo al alcance de los lectores que deseen inferirlo de sus relatos o de libros como los imprescindibles Consejos a un escritor (2004), Sin trama y sin final: 99 consejos para escritores (2005) y ahora este Cuaderno de notas, versionado por el escritor argentino Leopoldo Brizuela en una traducción deficiente del francés que, sin embargo, no disminuye su atractivo.

El Cuaderno de notas forma serie con las libretas de apuntes de muchos otros autores —con el cuaderno de Julien Gracq en un lugar de preeminencia—, pero lo que lo destaca de entre ellas es su carácter heterogéneo: las notas tomadas por Chéjov entre 1891 y 1904, año de su muerte, no son autobiográficas, aunque a menudo narran viajes reales realizados por su autor o situaciones que le sucedieron a él o a otras personas de su entorno, ni son borradores explícitos de obras específicas, aunque Chéjov suele apuntar títulos y nombres —casi todos grotescos— para posibles personajes. Se trata más bien de miniaturas y esbozos escritos para un uso personal y privado y sin la intención de ser publicados en el futuro pero que, sin embargo, tienen la plasticidad, el sentido del humor melancólico y escéptico y la gracia de toda la obra del escritor ruso. Así, algunas notas narran situaciones triviales —"Día 20. Nos levantamos a las ocho de la mañana. Visita a la catedral de San Esteban. Compra de una bolsista de tabaco a 4 guldens"—, otras son graciosas —"Se me ha ocurrido un truco para escribir en el tren. Funciona, puedo escribir, pero mal"; "Los muertos no se avergüenzan aunque hieden horriblemente"; "El suelo es tan rico que si uno planta aquí un limonero, un año más tarde brota un coche"—, tienen un carácter político —"¿Los aristócratas? Las mismas formas odiosas, la misma negligencia física, las mismas toses con flema, la misma vejez desdentada, y la misma muerte desagradable que los pequeñoburgueses"; "No existe una 'ciencia nacional', del mismo modo que no existe la tabla de multiplicar nacional; lo nacional no tiene nada que ver con lo científico"— o trazan un retrato despiadado y embrutecido de Rusia y sus habitantes: "Rusia es una inmensa llanura por donde pasea un maleante". También hay notas filosóficas: "Salomón se equivocaba al ansiar sabiduría", "Cuando estamos sedientos tenemos la impresión de que podríamos beber el mar entero: eso es la fe. Pero cuando comenzamos a beber, sólo podemos tomar uno o dos vasos: eso es la ciencia" u "Oponerse al mal es imposible; oponerse al bien, no". Este tipo de pequeñas iluminaciones que adquieren la forma de aforismos —"Un perro hambriento sólo cree en la carne", "En los hoteles rusos huelen mal los manteles limpios", "Un hombre honesto llega a sentir vergüenza, a veces, delante de un perro"— están entre lo más destacado del libro y funcionan como cuentos brevísimos de una contundencia inusual, al igual que los comienzos de relatos nunca escritos o sus resúmenes, que podrían dar de comer a un escritor de un talento inferior al de Chéjov durante toda su vida: "Él no había sido feliz más que una sola vez en su vida: bajo un paraguas", "Al regresar a su pueblo, al pasar frente a la casa donde Nina se moría, ella vio papeles blancos sobre las ventanas", "Desde Petersburgo, el lacayo Vasili vuelve a su casa en el distrito de Vereisk, cuenta a su mujer y a sus hijos toda clase de cosas, pero ellos no le creen, piensan que se da aires y se ríen de él. Él se da un atracón de carnero".

El Cuaderno de notas de Chéjov no es exactamente autobiográfico, como hemos dicho, aunque apuntes como el de una receta para curar la transpiración excesiva de los pies deban ser incluidas probablemente en ese rubro. Sin embargo, el propio Chéjov, y ya no sólo sus opiniones, se cuela en el libro con una insistencia sólo disimulada por una pudorosa tercera persona: "En su vida, sólo había dos fuentes de verdadera felicidad: los escritores y, a veces, la naturaleza". Esta discreción sólo es dejada de lado en pasajes puntuales que narran eventos que parecen haber sido de gran importancia para su autor; así, la visita del 12 de setiembre de 1901 o la llamada del 7 de diciembre del mismo año a León Tolstoi son registradas escueta pero significativamente. Chéjov dice que hablaron pero no cuenta de qué, y esa ausencia no sólo pesa al lector, que hubiera deseado saber qué se dijeron los dos grandes escritores rusos, sino también recuerda que en la narrativa del escritor ruso es lo que no se dice lo importante.

Richard Ford escribió en la introducción a su antología de relatos de Chéjov publicada en 2001 que éste "casi siempre nos aborda con una gran seriedad centrada en algo que se propone hacer irreductible y accesible, y mediante esta concentración quiere insistir en que nos tomemos la vida a pecho". Sin embargo, hay una liviandad trágica y una ironía en la obra de Chéjov que induce al lector a no tomarse nada en serio, incluyendo al propio autor. El mundo podría ser dividido entre quienes prefieren la vastedad atormentada de Dostoievski a la brevedad desencantada de Chéjov, que aún sonríe tristemente ante los grandes dramas de nuestras vidas ridículas; para quienes prefieran al segundo, éste es el libro.


Publicada en Letras Libres 90. Madrid, marzo de 2009.

Una gira supuestamente divertida con escritores argentinos que nunca volveré a hacer

La crónica, aquí o aquí.


Publicada en Etiqueta Negra 70 (Lima, Perú, marzo de 2009).

abril 03, 2009

"Formas y reglas del cuento"

La información sobre el curso que tendrá lugar en La Casa Encendida (Madrid) entre el 27 y el 30 de abril, aquí.

Del Archivo III: Vida y obra de Joseph Heller. Viviendo en el absurdo

Hay un antes y un después en la forma en que la literatura de este siglo narró la guerra, y esa divisoria de aguas se llama Trampa 22. Más que Los desnudos y los muertos de Norman Mailer o Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque, Trampa 22 satirizó la irracionalidad de la guerra y de la empresa capitalista al punto de ser convertido en el momento de su publicación en 1961 en un libro de culto para la generación que protestaba por la coincidencia de ambas en la guerra de Vietnam. El autor de aquel libro, Joseph Heller, murió el domingo doce de diciembre pasado de un ataque al corazón en su casa de East Hampton, en el estado de Nueva York. "Lo último que debería desear un hombre sensato", había escrito alguna vez, "es la inmortalidad. Para casi todos nosotros, la vida ya es demasiado larga tal como es".

LA PREHISTORIA

Heller nació en Brooklyn el primero de mayo de 1923 pero creció en Coney Island. En 1942 se alistó en la Fuerza Aérea, dos años más tarde fue enviado a Italia como piloto de un bombardero B25 y allí —luego de volar en sesenta misiones por la península y el norte de Africa— se retiró como teniente una vez finalizada la guerra.

En los Estados Unidos pasó entre 1948 y 1950 por las universidades de Carolina del Sur, Columbia y finalmente Oxford —gracias a una beca Fulbright— y comenzó su carrera como escritor publicando cuentos en revistas. Después de dictar clases de escritura creativa durante dos años en la universidad estatal de Pennsylvania volvió a Nueva York en 1952 para trabajar como redactor publicitario para las prestigiosas Time, Look y McCall's.

Estaba en su escritorio de Time una mańana de 1953 cuando le surgió de la nada el comienzo de una historia que comenzó escribir allí mismo y a mano y que al terminar tituló "Catch 18". No es difícil elucidar por qué Heller recrearía luego su infancia y adolescencia: nunca nada en la vida de otro escritor se pareció tanto a una prehistoria como esos años antes de aquel trascendental momento en que la historia de su novela más famosa se materializó frente a sus ojos.

LA TRAMPA 22

Las cosas sin embargo no iban a ser tan fáciles. Después de trabajar durante ocho años en su libro, llamado finalmente Trampa 22, Heller se encontró perplejo al ver que los críticos le reprochaban el estilo y que no llegara a la épica de obras contemporáneas como De aquí a la eternidad de James Jones y la propia Los desnudos y los muertos de Mailer. Heller jamás olvidaría esas críticas tempranas —en particular una aparecida en The New Yorker que sostenía que la novela incluso no parecía haber sido escrita "sino más bien escupida en el papel"— y las conservó hasta el momento en que la aparición del libro al tope de las listas de éxitos y los veinte millones de ejemplares vendidos, así como el éxito de la adaptación cinematográfica dirigida en 1970 por Mike Nichols, le permitieron pensar que no había sido él quien se había equivocado.

El protagonista de Trampa 22 es el capitán John Yossarian, piloto de un bombardero estacionado en la isla mediterránea de Pianosa durante la Segunda Guerra Mundial. Yossarian está convencido de que las probabilidades matemáticas de sobrevivir están en su contra y por ello pretende evadirse argumentando que ya cumplió con las misiones requeridas para ser dado de baja. Pero el alto mando prorroga indefinidamente ese número de misiones, y para Yossarian la única forma de ser exceptuado de seguir prestando servicios es declararse insano, aunque —le informan— si estuviera insano querría continuar peleando puesto que sólo un loco acepta arriesgar su vida, así que querer parar con las misiones es muy razonable y demuestra que debe seguir volando porque no está lo suficientemente loco. Esa es la "trampa 22" del título.

Hablar más de la novela obligaría a contar su argumento. Yossarian está rodeado de locos —el capellán RO Shipman, el enamoradizo Nately, el imposible coronel Cathcart, el impenetrable Orr, el comandante Digno Coronel Coronel— que tratan de sobrevivir mediante complejos planes y pequeñas artimañas diarias, pero el más relevante es Milo Minderbinder, un joven teniente que se enriquece haciendo negocios inverosímiles a costa del ejército. Entre todos ellos Yossarian expresa el buen sentido oponiéndose a la irracionalidad de la guerra pero, a la vez, encarna la contradicción a la que se ve sometida toda persona que tiene que participar en una sociedad donde medios y fines se han disociado. La crítica que propone la novela no se limita —como en Los desnudos y los muertos, con la que se la comparó reiteradamente— a mostrar la brutalidad de la guerra y el hecho de que el hombre está hecho para cosas mejores. Heller duda de que la guerra no sea en realidad una continuación —paroxística, por cierto— de una vida que carece de sentido, y no está muy seguro tampoco de que el hombre sea mucho mejor de lo que él insinúa. Mailer sigue siendo hacia 1948, año de publicación de su novela, un intelectual salido de Harvard y perfectamente alineado con la visión del New Deal rooseveltiano que afirmaba que tras la guerra se establecerían relaciones sociales más populares y humanas. Heller, en cambio, comienza a escribir Trampa 22 cinco años después de que Mailer publicara su libro, y por entonces los Estados Unidos se debaten entre una política exterior expansionista y la caza de brujas del senador McCarthy puertas adentro. Mailer narra con rigor el autoritarismo de los altos mandos del ejército pero nunca se cuestiona que la guerra contra el nazismo alemán, el fascismo italiano y el imperialismo japonés no sea justa y necesaria. El nihilismo gozoso de Heller, por contra, hace que exima al lector de esa presuposición, y por ese motivo su crítica es más aguda y desoladora.

LOS OTROS

La segunda novela de Heller, Algo ha pasado (1974), lo mostró exponiendo cómo el mundo financiero puede destruir la vida íntima de un empleado ambicioso. El libro era demasiado amargo incluso para alguien como Heller, quien volvió a insistir en el tema de los efectos de la prosperidad en la condición humana —esta vez en clave humorística— en su tercer novela. Bueno como el oro (1979) es un excelente relato sobre la experiencia judía en los Estados Unidos que cruza la historia de su fracasado protagonista —Bruce Gold, un profesor universitario con una extraordinaria capacidad para humillarse en su camino hacia un improbable puesto de asesor presidencial en la Casa Blanca— con la de los desvaríos de su típica familia judía y un ataque certero y devastador al ex Secretario de Estado, Henry Kissinger. Lo había precedido una obra teatral para Broadway en la línea de Trampa 22 que no tuvo mucho éxito, We bombed New Haven (1967), y lo seguiría una supuesta autobiografía del Rey David en su lecho de muerte titulada Dios sabe (1984). En ella Heller profundizaba su interés en el tema judío llevando su arriesgado sentido del absurdo al terreno bíblico bajo el axioma de que "no hay realmente mucha religión en el Antiguo Testamento". Dios sabe —el libro menos recomendable de Heller excepto para expertos en la literatura bíblica capaces de transitar casi quinientas páginas de humoradas sobre personajes como Moisés, Abraham y el pusilánime Salomón— recibió en el momento de su publicación ciertas críticas de parte de la comunidad judía de los Estados Unidos que insistió en lo arriesgado de mostrar un Jehová que juega con el destino de los hombres mientras reconoce que "no le importa nada" y que ya no habla con un David amargado y escéptico que llama plagiario a Shakespeare y se cita a sí mismo mientras echa de menos los días de lubricidad junto a Betsabé.

En los años ochenta Heller había padecido el síndrome de Guillain-Barre que consiste en una paralización severa del sistema nervioso, y había logrado sobreponerse a esta extraña afección nerviosa que en ciertos casos lleva a la muerte imponiéndose la tarea de pensar en aquellos personajes bíblicos y en sus relaciones a menudo contradictorias con esa divinidad en la que el escritor no podía creer. Muy poco tiempo antes de morir le dijo a la periodista australiana Ramona Koval que "alguien que es un republicano ferviente, un demócrata, un comunista o un anarquista, incluso esa gente que se opone apasionadamente al aborto, todos ellos tienen algo en lo que creer. No sé si eso es virtuoso pero creo que es mejor poder creer en algo y tener una convicción sobre la vida y la vida más allá de la muerte que no tener ninguna como me sucede a mí. Eso es también la trampa 22".

Heller relató su experiencia con el síndrome de Guillain-Barre en No laughing matter (1986), un libro más cercano al testimonio personal que a toda su obra anterior o posterior escrito en colaboración junto a su amigo Speed Vogel.

El retorno a la ficción fue con Figúrate, que publicó en 1988. El libro narra la historia del famoso cuadro "Aristóteles contemplando el busto de Homero" de Rembrandt van Rijn, actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York. En el momento en que el holandés pinta una oreja Aristóteles escucha; en el instante en que le pinta un ojo, ve. Heller cuenta la desafortunada vida del pintor y de la Holanda de su tiempo y, a la vez, incursiona en el mundo griego de Aristóteles y de Sócrates y Platón. Pero el gran tema del libro es sin dudas el dinero y la forma en que éste sobrevuela la vida de los hombres afectando sus formas de gobierno y truncando las esperanzas individuales. Las relaciones casi siempre conflictivas entre el arte y el poder —Sócrates muriendo dignamente al aceptar una condena que sabe injusta, Rembrandt humillándose por un aumento que le permitiera mantener a su hijo, Aristóteles educando a Alejandro— se proyectan sobre la sociedad contemporánea y su culto al dinero, el mundo sobre el que Heller nunca dejó de escribir.

LA HORA DE CIERRE

Hace unos años Heller sorprendió a propios y extraños con la noticia de que estaba preparando una secuela de Trampa 22. El libro se llamó Closing Time (1996), y en él Yossarian sigue tratando de convencer a los médicos de que se encuentra enfermo mientras que el materialista Milo Minderbinder maneja ahora un conglomerado de empresas que intentan venderle al gobierno norteamericano, en manos de un vicepresidente idiota, una nueva "bomba sub-supersónica invisible silenciosa defensiva y en segundo golpe ofensiva de ataque" secreta cuyo nombre en clave es "Shhh". Las peleas entre Milo y Yossarian acerca del sinsentido y la peligrosidad de los asuntos económicos vuelven aquí, y ambos se permiten recordar la vanidad norteamericana de después de la guerra mientras un mundo nuevo y grotesco aparece bajo las alcantarillas de Nueva York.

Lejos de ratificar la opinión de quienes pensaban que el autor estaba detrás de un éxito, la secuela de Trampa 22 demostró que, antes que un fenómeno de ventas, Heller siempre ha sido un escritor. Closing Time es un libro amargo y en absoluto autocomplaciente que cuestiona con dureza a la sociedad norteamericana. La crítica de ese país no lo recibió bien pese a todo, y el crítico Richard Seltzer sostuvo que Heller parecía "tratar duramente de ser gracioso, aunque no lo era".

El último libro del escritor norteamericano fue Now and then, un relato de su infancia y adolescencia en Coney Island y de sus años de aprendiz de escritor que se interrumpe deliberadamente en el momento en que Heller se convierte en uno.

LA CONDICION QUE IMPIDE EL EXITO

Heller formó parte de la generación de novelistas norteamericanos de la posguerra —Gore Vidal y Norman Mailer entre ellos— cuyo tema es la ambición norteamericana de construir un imperio a costa de renunciar a sus valores más sagrados y a aquellos principios que justificaban su existencia como nación. El autor de Trampa 22 explicitó su opinión al respecto al poner en labios del demagogo Cleón en Figúrate una sentencia con la suficiente autoridad para sobrevivir hasta el presente: "Es imposible que una democracia gobierne un imperio".

En vida, Heller no recibió grandes homenajes excepto el de la popularidad de su primera novela y el de que el Oxford English Dictionary incluyera en su edición de 1993 la expresión que la presidía como sinónimo de "una condición que impide el éxito, un dilema en que la víctima no puede ganar". Esa es la "Trampa 22" y Joseph Heller lo supo siempre.


APOYO 1. LA PELICULA

En 1970 Mike Nichols realizó una adaptación cinematográfica de Trampa 22 con un elenco integrado por Alan Arkin, Anthony Perkins, Jon Voight, Martin Balsam, Art Garfunkel, Martin Sheen y la aparición de Orson Welles. Heller recordó cierta vez con amargura "una conversación con Mike Nichols donde sentí que iban a estar en problemas y que iba a ser más difícil reproducir todo el libro de lo que ellos pensaban. Me acuerdo de que a ellos les gustaba un capítulo, no recuerdo cual, y yo pensaba para mis adentros que sólo era gracioso por las líneas finales y que en una película no hay espacio para diálogos extendidos. Finalmente sacaron todo". Nichols tomó la decisión más inteligente si se considera la imposibilidad de adaptar la novela de Heller, basada casi principalmente en juegos de palabras. Tomó las principales y más absurdas escenas del libro y las hizo girar alrededor de una pesadilla recurrente que tiene Yossarian. Sólo las grandes actuaciones del elenco compensan la preocupación excesiva del director por dotar a todo de un simbolismo recurrente y agotador.

APOYO 2. TODOS LOS LIBROS

Trampa 22 [Catch-22] 1961, We bombed in New Heaven, obra en dos actos estrenada en Broadway 1968, Catch-22: A Dramatization, obra en un acto 1971, Clevinger's trial 1973, Algo ha pasado [Something Happened] 1974, Bueno como el oro [Good as Gold] 1979, Dios sabe [God knows] 1984, No laughing matter con Speed Vogal 1986, Figúrate [Picture this] 1988, Closing Time 1994 y Now and then: From Coney Island to here 1998. Heller colaboró con cuentos, reseñas y artículos en revistas como Story, Atlantic Monthly, New Republic, Nation, Smart, Esquire y Cosmopolitan. Entre su trabajo para el cine hay que incluir Sex and the Single Girl [Richard Quine, 1964], Casino Royale [John Houston / Ken Hughes Tval Guest / Robert Parrish / Joe McGrath / Richard Talmadge, 1967), and Dirty Dingus Magee (Metro-Goldwyn-Mayer, 1970). En español pueden conseguirse Figúrate, [Ediciones Versal, Barcelona, 1989], Dios sabe [Alianza Editorial, Madrid, 1986], Algo ha pasado [Emecé, Buenos Aires, 1976], Trampa 22 [Debate, Madrid, 1991] y Bueno como el oro [Emecé, Buenos Aires, 1980].


Publicado en El Cultural de El País de Montevideo. 2004.