septiembre 18, 2009

Max Aub (1903-1972): Víctima de la estupidez política de este siglo (Archivo V)

Muy pocas literaturas nacionales pueden jactarse de haber sido animadas por tantos extranjeros como la literatura francesa. El país galo fue durante décadas la tierra de acogida de muchos autores no francófonos y el suyo el idioma literario por excelencia. Pero la imagen radiante de los escritores "afrancesados" tiene un reverso trágico en el periplo de los que —siendo franceses— tuvieron que exiliarse y escribir en una lengua extranjera. El español Max Aub (1903-1972) fue uno de ellos. La edición este año de varios de sus libros "traducidos" al francés y la publicación en España de El compromiso de la imaginación, una monumental biografía de Ignacio Soldevila, empiezan a revelarle al país galo el tamaño del escritor que había olvidado.

GEOGRAFÍA

Max Aub nació a las doce del mediodía del dos de junio de 1903 en la calle cité Trévise 3 de París como hijo de madre francesa y de padre alemán. En 1914 su padre se encontraba viajando por España cuando estalló la Primera Guerra Mundial. El conflicto entre países adquirió para los Aub un matiz dramáticamente familiar: "mis tíos —los hermanos de mi madre— peleaban en el ejército francés; la familia de mi padre en las filas alemanas; otro tío mío, comandante casado con una hermana de mi madre, lo era del ejército austríaco (...) de la noche a la mañana nos convertimos de amigos en enemigos". El padre de Aub fue declarado "traidor" por el gobierno alemán al rechazar la convocatoria para alistarse en el ejército —lo que lo hubiera forzado a pelear contra sus vecinos franceses— y no volvió a París: mandó llamar a su familia y en agosto de 1914 se radicó con ella en Valencia. Todos los bienes de los Aub fueron vendidos en subasta pública como pertenecientes al enemigo.

Le llevó siete años al escritor adaptarse al nuevo país. Hacia 1920 su fascinación ante la cultura local no había declinado y empezó a recorrer España como viajante de comercio. En sus excursiones Aub descubrió y desarrolló su vocación literaria, conoció a artistas como Federico García Lorca y Luis Buñuel y se ganó la lotería.

Las quinientas pesetas que obtuvo en la lotería de Murcia y una tarjeta de presentación del francés Jules Romain —a quien había conocido en uno de sus viajes— le permitieron hacer su ingreso en la escena literaria. "Leyéronse entonces versos míos en el Ateneo y allí conocí a los escritores de mi generación", narró Aub de aquel viaje. Esos escritores —los de la Generación de 1927— eran Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Rafael Alberti y Luis Cernuda. Ellos, sumados a Santiago Ramón y Cajal, Pío Baroja, Azorín, Ramón Gómez de la Serna, Ramón Menéndez Pidal, Félix Urabayen, Eugenio D'Ors, Ramón Valle Inclán, Ramón Pérez de Ayala, Manuel Azaña y Cipriano de Rivas Cherif, entre otros, constituyeron la mejor escena literaria que España haya producido en la época moderna.

LITERATURA DESHUMANIZADA

Hacia 1923, fecha en que Aub viajó a Madrid, los intelectuales españoles estaban embarcados en una reacción contra el realismo que José Ortega y Gasset llamó una literatura "deshumanizada". Las circunstancias no eran favorables a su intervención en la vida política del país luego que el golpe de estado capitaneado por el general Miguel Primo de Rivera derrocara en 1923 al gobierno constitucional instaurado por Alfonso XIII. Mientras prestigiosos intelectuales como Miguel de Unamuno debían marchar al exilio, los escritores de la generación del 27 encontraron la posibilidad de evitar la censura en una literatura para literatos anunciada por Juan Ramón Jiménez con la consigna "para la minoría siempre". Esta literatura estaba influenciada por las vanguardias europeas del momento, y rechazaba el compromiso con las cuestiones sociales y políticas desplazando el centro de atención de la anécdota al lenguaje.

El resultado era —sin embargo— metafórico, barroco y poco menos que risible. «"La búsqueda de la metáfora degeneró bien pronto en obsesiva superstición estética", escribió Benjamín Jarnés. "Supeditando lo cualitativo a lo cuantitativo, se solía preguntar '¿cuántas metáforas?' (...) ¿Un soneto? Catorce metáforas. ¿Una novela? Tres mil doscientas veintitrés metáforas. La contagiosidad y virulencia de aquel delirio causó hondos estragos. La metáfora se encrespó en desatino".

La crisis de la literatura deshumanizada se produjo entre 1929 y 1931 con el surgimiento de nombres como el de Alejandro Casona y José Mas y de una literatura más comprometida. En ese momento, y pese a que muy pronto Aub se burlaría del movimiento en obras como su Discurso de la novela española contemporánea (1945) y Vida y obra de Luis Alvarez Petreña (1934) —cuyo protagonista es un típico escritor deshumanizado—, el francés se las arregló para hacer su introducción como narrador con Geografía, una novela breve publicada en 1929 por su amigo Enrique Díez Canedo en su colección Cuadernos Literarios.

ESPAÑOL POR ADOPCION

Entre diciembre de 1936 y julio de 1937 Aub fue agregado cultural de la Embajada de la II República Española en París. Era por entonces relativamente conocido como poeta, ya que en 1925 había publicado Los poemas cotidianos. Frecuentaba a André Malraux y a Pablo Picasso, a quien convenció de pintar un fresco para el pabellón español de la Exposición Universal de París de 1937, "El Guernica". El prestigio que había obtenido con la publicación de Fábula verde (1933) y Vida y obra de Luis Alvarez Petreña contrastaba con la indiferencia con la que habían sido recibidas sus obras de teatro Espejo de Avaricia y Narciso, que sufrieron la desconfianza del público español a las obras experimentales y sólo fueron redescubiertas en 1963.

En 1928, Aub se había afiliado al Partido Socialista Obrero Español que todavía conservaba su impronta marxista. En febrero de 1936 había participado en la campaña electoral con las piezas teatrales El agua no es del cielo y Las dos hermanas —en referencia a la UGT y la CNT— y había dirigido en Valencia el periódico socialista Verdad en su primera época. Era socio con el número tres de la Alianza de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura y secretario general del Consejo Nacional de Teatro, cuyo director era Antonio Machado. Después de viajar a la Unión Soviética para asistir al festival de teatro de 1933 montó La madre de Máximo Gorki y en 1939 dirigió con André Malraux —y por encargo del gobierno español— la película Sierra de Teruel basada en la novela de aquél L'Espoir. Max Aub había encontrado en la española una nacionalidad de adopción.

CAMPOS CERRADOS

Pero ya en 1940, después que el general Francisco Franco asumiera la jefatura del gobierno español después de triunfar en la Guerra Civil, Aub fue detenido en París bajo la previsible acusación de ser comunista —el propio escritor diría después "no lo he sido nunca por la vieja raigambre liberal"— y mandado por el gobierno de Vichy a los campos de concentración para "extranjeros rojos" del sur francés.

Después de ser encarcelado en el campo de Roland Garrós en marzo, el escritor le solicitó ayuda a su amigo Jules Romains —presidente del PEN— quien, sin embargo, nada pudo hacer para liberarlo. Fue sacado de Roland Garrós y llevado al campo de Vernet, donde ocupó por la noche el lugar dejado en la mañana por el húngaro Arthur Koestler.

En mayo de 1941 fue liberado gracias a los oficios del gobierno de México, que lo designó agregado de prensa en el consulado de Marsella. El escritor comenzó a trabajar en la gestión de visados y en un plan de edición de los autores españoles en el exilio. Este último movería a otra denuncia anónima y a su encarcelamiento el dos de junio —día de su cumpleaños— en la cárcel de Niza.

A partir de ese momento, los traslados de campo en campo fueron una constante: de Niza a la cárcel de Marsella y enseguida por segunda vez al campo de concentración de Vernet. En noviembre fue llevado sucesivamente a las prisiones africanas de Argel, Djelfa y Casablanca encadenado con otros presos en la bodega del barco "Sidi Aicha", en un viaje de tres días que Aub no olvidaría. "Debían avistarse las costas españolas; hubiésemos dado parte de nosotros mismos por verlas. Yo sentía el azar de la tierra por mi costado, roto el mar por la vertedera de las bordas: Rosas, Cadaqués, Puerto de la Selva, y entre humos, lejos, Barcelona" narraría luego de la agustiante experiencia, en la que se inspiraría para escribir San Juan, una tragedia española (1943).

En el campo argelino de Djelfa, de noviembre de 1941 a julio de 1942, Aub sufrió toda clase de humillaciones que luego narró en los poemas reunidos bajo el título Diario de Djelfa y en No son cuentos —los dos de 1944—. El lunes 18 de mayo salió del campo gracias a la complicidad de un jefe de policía gaullista con el cónsul mexicano en Marsella, Gilberto Bosques. El plan era embarcar en Casablanca rumbo a los Estados Unidos con una visa que le había dado el escritor John Dos Passos, pero en Oxuda, ciudad fronteriza entre Marruecos y Argelia, fue detenido nuevamente el tiempo suficiente para perder su barco. Aub tuvo que refugiarse tres meses en una maternidad judía hasta que fue ayudado a escapar, en septiembre de 1942, hacia México.
En ese viaje liberador que culminaría en Veracruz el diez de octubre escribió las obras teatrales El puerto y La vida conyugal, anticipo de las novelas, nouvelles, obras de teatro, ensayos y poemas que escribiría en México cuando ya el dolor de los tres años pasados en los campos de concentración —aunque no el del exilio— había menguado.

MEXICO LINDO

En México el escritor fue recibido como asilado político y comenzó a ganarse la vida, como periodista en los periódicos Nacional y Excelsior, y como profesor de teoría y técnica del cine en el Instituto Cinematográfico y de historia del Teatro en la Universidad Autónoma de México.

Muy poco tiempo después comenzó a trabajar en cine, una actividad que nunca lo convencería y de la que escribiría "sin un céntimo, caí en las redes del cine 'nacional' para mi mayor vergüenza (...) También Paulino. También Alberti. También todos. Es nuestro rescate de cautivos»". Aub fue autor, coautor y traductor de más de cincuenta guiones cinematográficos a lo largo de su vida, lo que lo ubica entre las más destacadas figuras del cine mexicano —incluso llegó a trabajar con Luis Buñuel en la extraordinaria Los olvidados (1950)—. Entre los filmes en los que colaboró se destacan La Monja Alférez (1944), Pata De Palo (1950) y Entre Tu Amor Y El Cielo (1950) de Emilio Gómez Muriel, y La Viuda Celosa (1945) de Fernando Soler.

Pero su esposa y sus tres hijas permanecían en España, y no fue sino hasta 1946 cuando pudieron unírsele en México. Ese mismo año publicó El rapto de Europa o siempre se puede hacer algo y la novela Campo de sangre, parte del ciclo "El laberinto mágico" en el que revisaría su experiencia en la guerra.

En México, Aub consiguió pronto un enorme prestigio que se vio acrecentado por su amistad con figuras como los mexicanos Alfonso Reyes, Octavio Paz y Jaime Torres Bordet y el español León Felipe, y sus trabajos cinematográficos. "Hice mucho cine, muchísimo, demasiado. A Dios gracias ahora puedo bandeármelas sin recurrir a esa industria en el buen y malsentido de la palabra" había dicho años antes, aunque en 1964 reincidió al ser elegido jurado en la edición del Festival de Cannes. El veintisiete de octubre de 1949 había solicitado la ciudadanía mexicana, complicando aún más el tema de su nacionalidad.

TORRES CAMPALANS

En 1972 Francia quiso reparar su deuda con Aub otorgándole la condecoración de Chevalier des Arts et des Lettres. Diez años antes, el escritor había gozado de una pasajera notoriedad en el país donde había nacido —pero del que no se sentía ciudadano— con la publicación por parte de la editorial Gallimard de su libro más famoso y provocador.

Jusep Torres Campalans es el producto de una elaborada farsa. Max Aub recrea en él el tono de las monografías especializadas para narrar la vida de un pintor catalán que, después de participar activamente en la escena artística entre los años 1906 y 1914, se retira a vivir en México. Las obras de Campalans y sus polémicas con sus colegas ilustran los años de formación del escritor francés y sus propias charlas con pintores como Picasso y Juan Gris. La sólida documentación, la reproducción de los cuadros y de los escritos sobre la obra de Torres Campalans, además de una precisa cronología, redondearon un gesto irónico sobre la producción de las vanguardias y una auténtica reflexión sobre el arte pictórico y su crítica.

El libro obtuvo un cierto suceso en Francia después de que la crítica se desvelara tratando de desentrañar si Torres Campalans era realmente un olvidado pintor catalán o si se trataba de una farsa de Aub. El efecto se vio reforzado cuando del veintinueve de octubre al diez de noviembre de 1962 se presentó en la Isaacson Gallery de Nueva York una exposición consistente en ochenta y tres cuadros —entre acuarelas, gouaches y dibujos— cuyo precio iba desde los cien a los trescientos cincuenta dólares y que estaban firmadas por Jusep Torres Campalans.

Pero el interés de la crítica por la obra del francés que escribía en español y vivía en México duró lo que la aparición del libro, y no fue sino hasta el año pasado, cuando la editorial Phébus publicó Crímenes ejemplares, que los franceses volvieron a reparar en uno de sus mayores escritores.

DRAMAS PERSONALES

El libro había aparecido publicado en México en 1957 y había sido traducido en 1980 después de que fuera considerado uno de los mejores libros de humor negro del año, lo que no le impidió al editor francés de aquella edición desaparecer sin llegar nunca a distribuirlo.

Crímenes ejemplares no es más ni menos que el relato de una centena de asesinatos contados por sus propios ejecutores. Muchas veces la explicación de tales actos consiste en una línea; nunca supera las veinte. Los argumentos de los asesinos resultan de una sencillez sorprendente. "Lo maté porque estaba seguro que nadie me veía" afirma uno. "El era más inteligente que yo, más rico que yo, más bello que yo; él se vestía mejor, hablaba mejor. Si usted no juzga que esas sean excusas, es porque usted está loco" dice otro. La brevedad objetiva de las confesiones induce a la risa tanto como a la sorpresa. Los personajes de Aub testimonian con su drama una certeza incontestable: que sus razones para matar no engrosan tanto la estadística criminal como informan acerca de auténticos dramas personales que los periódicos omiten. "Lo maté porque era más fuerte que yo" declara uno. "Lo maté porque yo era más fuerte que él" dice otro, y las dos razones resultan válidas y complementarias.

EMBAJADOR

En 1966 el gobierno israelí invitó a Aub a dar unas conferencias en ese país, y el francés dio cuenta de la experiencia en su diario Imposible Sinaí (1966). Los temas que abordó en esas charlas dan cuenta de su doble pertenencia: la historia de la revolución mexicana, la poesía del país norteamericano y el teatro español contemporáneos. En su diario ya había anotado "mis ligazones son con los mexicanos, los españoles, los franceses y algo, tal vez, con los ingleses. Tal vez más con los españoles, pero sólo, quizá, con los de mi tiempo".

Después de treinta años de proscripción, Aub pudo retornar a España en agosto de 1969, cuando dio varias conferencias y fue acogido con un desconocimiento perfecto de su obra. Tres años después —el veintidós de julio— murió en México de un infarto. Quince años antes había anotado en su diario la mejor y más amarga reflexión posible sobre su condición de escritor sin patria: "un personaje de Ibsen dice 'soy noruego de nacimiento pero cosmopolita de corazón' reflejando el propio deseo de su creador. Diría yo lo contrario: 'soy cosmopolita de nacimiento pero español de corazón. Tal vez por eso mi obra se pudre en los estantes de sus distribuidores'".

LA OBRA

Los críticos no aciertan a ponerse de acuerdo respecto del criterio a utilizar para clasificar la totalidad de la obra de Aub. Mientras Ignacio Soldevila la divide en géneros, a los que a su vez disecciona de acuerdo a los momentos más destacados de la vida del escritor —la producción previa a 1936, la del período de prisiones que va de 1936 a 1942 y la del exilio, que comienza entonces para terminar con su muerte—, Francisco Longoria la divide por su "tema y lenguaje" en cuatro grupos. El primero comprende su obra vanguardista: Geografía (1925), Fabula verde (1933), ¡Yo vivo! y Vida y obra de Luis Alvarez Petreña (1934). El segundo y tercer grupo reúnen cuentos y novelas inspirados en la Guerra Civil, los campos de concentración y el destierro: el ciclo "El laberinto mágico" que incluye Campo cerrado (1943), Campo de sangre (1945), Campo abierto (1951), Campo del moro (1963), Campo francés (1965) y Campo de los almendros (1968) además de Sala de espera (1951), Historias de mala muerte (1954) y Ciertos cuentos (1955). El cuarto y último grupo reúne narraciones diversas como las novelas Las buenas intenciones (1954), Jusep Torres Campalans (1958), La calle de Valverde (1961), y los libros de relatos Cuentos mexicanos (con pilón) (1959) y El zopilote y otros cuentos mexicanos (1964) entre otros.

TRADUCCIÓN

En el Río de la Plata los libros de Max Aub resultan siempre de una pesquisa minuciosa y esforzada. La mayor parte de sus obras sólo puede conseguirse en alguna de sus ediciones españolas y, en menor medida, en alguna mexicana. Los franceses se han reencontrado con uno de sus más grandes escritores a través de la traducción. España —el país del que se consideraba ciudadano "de corazón"— ha reparado en su obra a raíz de la publicación el año pasado de una selección de sus Diarios y del pormenorizado estudio de Ignacio Soldevila El compromiso de la imaginación. Quizás argentinos y uruguayos podamos disfrutarlo cuando alguna editorial decida publicar una traducción al español de la edición francesa de Phébus de un libro escrito en México por un francés que nunca escribió en otro idioma que el español.

Lo cierto es que la obra de Max Aub sigue incomodando a los fanáticos de las literaturas nacionales. Escrita entre las guerras más desgarradoras que la humanidad haya visto nunca, la suya es una producción que destaca la ironía y el humor como formas máximas de la inteligencia. "Considero como un privilegio hablar en español y entender el mundo en español" dijo alguna vez el francés Max Aub, quien tuvo que huir a España primero y a México después, padeció el confinamiento en un campo de concentración, escribió en español y se convirtió en una persona sin pertenencia por una sola razón: la estupidez política que desgarró este siglo.

FUENTES

Edición crítica, prefacio y notas de Ignacio Soldevila previos a Geografía (Fundación Max Aub y Excelentísimo Ayuntamiento de Segorbe, 1996), La obra narrativa de Max Aub (Madrid, Gredos, 1973), La uña (Bruguera, 1977), Discurso de la novela española contemporánea (El Colegio de México, 1945), Jusep Torres Campalans (Plaza & Janés, 1984), Deseada/Espejo de avaricia (Espasa Calpe, 1973), Crímenes ejemplares (Phébus, 1998) e Imposible Sinaí (Seix Barral, 1991), El compromiso de la imaginación. Vida y obra de Max Aub de Ignacio Soldevila (Fundación Max Aub, 1999), Luis Buñuel de Michael Schwarze (Plaza & Janés Editores, 1981).

APOYO 1: LA FUNDACIÓN

El legado de Max Aub hubiera quedado huérfano de no haber sido por el trabajo de una organización con sede en la ciudad española de Segorbe. La Fundación Max Aub comenzó como una extensión del enorme legado bibliográfico que el español dejara tras su muerte, y que fuera devuelto a España en 1987. La hija del escritor, Elena Aub Barjau, asumió la presidencia del organismo con su constitución como fundación el veinticinco de agosto de 1997. Hoy en día, la Fundación tiene como fines primordiales estimular el estudio y difusión de la obra de Aub a la vez que conceder ayudas económicas para la elaboración de tesis doctorales y estudios de investigación, celebrar cursos y congresos sobre la obra del escritor y apoyar publicaciones. El organismo también celebra todos los dos de junio los Encuentros de Estudiantes con Max Aub, lleva adelante el Premio Internacional de Cuentos en su homenaje y está publicando una a una sus obras —nueve títulos hasta ahora, de los que ya se agotaron Fábula verde y Ciertos cuentos—. Quienes deseen obtener más información pueden escribir a "C/ Cronista Jaime Faus s/n, Apartado de Correos 111, 12400, Segorbe (Castellón) España" o visitar el sitio en Internet de la Fundación, http://www.maxaub.org/.

APOYO 2: MAX AUB VISTO POR AUGUSTO MONTERROSO

"Se cuenta que Max Aub trajo de Europa, en la bodega del barco y adecuadamente embalado, a cierto escritor judío fugitivo de Alemania que había ido a parar a Casablanca. Al llegar a México lo encerró en el sótano de su casa de la calle de Euclides —razón por la cual ambos han vivido allí siempre— y desde entonces lo tiene escribe y escribe, a oscuras casi, haciéndole creer que los alemanes ganaron la guerra y que, si se atreviera a asomar la nariz a la calle, kaput. Ignorante de la realidad, el infeliz se consuela escribiendo sobre cosas del pasado. Aub publica esas producciones con su propio nombre, pero su prisionero no se entera, piensa en la posteridad, y vive agradecido de que aquel le salve la vida" (en la contracubierta de la segunda edición de Campo de Djelfa, Editorial Joaquín Mortiz, 1970).


Publicado en El Cultural de El País de Montevideo, ca. 2004.