octubre 31, 2012

Latin-Amerika pa Litteraturhuset (Oslo, Noruega)

Más información sobre el festival, que tendrá lugar entre el 6 y el 10 de noviembre de 2012, aquí.


Publicado en la página web del festival. Noviembre de 2012.

octubre 27, 2012

"La voz de los hijos en la literatura argentina reciente: Laura Alcoba, Ernesto Semán y Patricio Pron" de Adriana Badagnani

1. Las representaciones de la dictadura
 
Las representaciones de la experiencia dictatorial argentina han sufrido diversas mutaciones. En la década del ’80 la estrategia implementada por los organismos de Derechos Humanos fue la focalización en el tema del Terrorismo de Estado entendiendo al Golpe como una cesura significativa. El tema central de la ensayística de los ’80 giró en torno a la democracia y sus condiciones de posibilidad; paradójicamente las nociones construidas sobre lo democrático tienen sus raíces en la reflexión a partir de la dictadura. Garramuño (2009) define la literatura de este período como escrituras que trabajan con los restos de lo real. Las experiencias del terror, la tortura y la persecución política aparecen como lo inenarrable. Los textos, ensamblados en torno a motivos alegóricos, se centran en la subjetividad, en la tactilidad y en la discapacidad de narrar como tema en sí mismo. De esta manera pueden ser analizados los trabajos de Gusmán, Lamborghini o Saer.
 
La caída del Muro de Berlín y el angustioso fin del primer gobierno democrático configuran un escenario de pérdida de certezas, de estallido de los sentidos, que inciden fuertemente en la visión que los ensayos construyen de la dictadura. A mediados de los ‘90 se asiste a una serie de declaraciones de los autores materiales del genocidio, que en una época marcada por la impunidad, rompen el pacto de silencio de las FF.AA. En simultáneo, comienzan a publicarse testimonios de militantes de las organizaciones armadas ya que en los ’80 la militancia era un tema incómodo. La literatura testimonial sobre el genocidio forma parte de un clima de época signado por la preocupación por este tema, aunque también produce una cierta saturación al hacer narrable aquello que es único, creando una hermenéutica de la derrota. Lo silenciado en los inicios de la democracia empieza a ser contado desde diferentes ópticas: el ensayo, la biografía, la autobiografía y la novela. En este contexto una nueva generación de escritores comienza a publicar en Argentina y elaborar su propia mirada sobre la dictadura.
 
2. La perspectiva de los hijos
 
Una perspectiva productiva para abordar el problema tiene que ver con la noción de los hijos. Es decir, si bien el concepto de generación ha mostrado un gran número de limitaciones para explicar determinados fenómenos literarios, podemos utilizar una idea de generación enriquecida por los aportes de Pierre Bourdieu (1984) y Raymond Williams (2009). Laura Ruiz (2005) menciona que el haber vivido su infancia y primera juventud bajo el “Proceso” y haber comenzado a publicar en el menemismo (y vivir una tortuosa llegada a la madurez en una época signada por la dificultad de acceder al mercado literario, conseguir trabajos formales, sumado al desencanto posmoderno posterior a la Caída del Muro de Berlín) deja profundas huellas en los textos de los escritores de los ’90. Particularmente en el caso la Dictadura, lo que caracteriza a los autores de esta generación es elaborar una mirada diferente sobre este momento que se separa de los relatos en disputa elaborados hasta el momento. Si bien estos textos retoman una tradición de escritos sobre el tema, existe una mirada diferenciada propia de quienes no vivieron el terror como un fenómeno identificable, sino como un miedo oscuro e innombrable que los oprimía en todos los espacios. Paula Guitelman (2004) describe de forma verosímil las sensaciones propias de crecer en un ambiente enrarecido por el clima político del terror. Esta vivencia particular de los años de plomo inaugura una nueva experiencia de la dictadura, la de los hijos. Entonces, lo que aparece centralmente en la literatura elaborada por esta generación es un intento de darle voz a los hijos. Si en los ’80 asistimos a la decisión de suministrarle voz a las víctimas, y en los ‘90 los esfuerzos aparecen concentrados en la palabra de los militantes, en los últimos años nos encontramos ante el intento por colocar en escena una voz nueva que se suma al coro polifónico, polémico, de versiones históricas encontradas, entrelazadas necesariamente con una mirada política sobre la cuestión.
 
De esta forma una operación interesante es el juego entre la palabra hijos (con minúscula) y la sigla H.I.J.O.S. con mayúscula. La aparición de la organización H.I.J.O.S. en 1995 marca un cambio en la política argentina a partir de prácticas políticas diferenciadas, como el escrache y la elaboración de un punto de vista propio. Es decir, si la agrupación retoma los discursos heredados, también incorpora elementos novedosos. Miguel Dalmaroni (2004), analizando la retórica presente en las revistas de esta agrupación y en los testimonios individuales de sus integrantes (Suárez Córica, 1996; Lamadrid y Gelman, 1997) da cuenta de este fenómeno: como existe una apropiación selectiva de la tradición como forma de reencontrarse con los ausentes. Si los cuerpos de los padres han sido sustraídos, negados y desaparecidos, los hijos se encuentran con ellos reponiendo sus saberes, visiones, legados presentes en canciones, poemas, ensayos y referencias propias de la cultura de izquierdas. Pero por otro lado, no nos encontramos ante un habla monolítica, sino que se trata de un discurso en formación en el cual los sentidos no se encuentran predeterminados, sellados, sino que están en construcción. De esta manera, incluso, se permiten el cuestionamiento de ciertos elementos ideológicos de sus padres: el rechazo de la violencia y la condena a las estructuras de mando piramidales con una conducción centralizada aparecen no sólo en el discurso, sino en la praxis de H.I.J.O.S.
 
Resulta interesante analizar como la retórica de HIJOS se entrecruza con otros hijos. Vale decir, aquellos que fueron víctimas en diferentes grados de la violencia política (¿no fuimos acaso todos víctimas de la violencia política?) pero no militan en la organización. Los autores con los que trabajo son este tipo de hijos con minúscula. Ernesto Semán es hijo de un militante del Partido Comunista, de orientación maoísta, que desapareció pocos meses después de golpe de 1976 cuando había regresado de China, país en el que había recibido formación político militar. La novela Soy un bravo piloto de la nueva China (2011) aparece construida en tres espacios diferenciados: Buenos Aires, ciudad a la que el protagonista regresa mientras su madre agoniza víctima del cáncer en el 2002; el campo de detención en el que estuvo su padre; y la isla, un espacio onírico y alegórico que escenifica el narrador para intentar comprender su problema de identidad, la trabajosa elaboración del duelo ante un cuerpo ausente e, incluso, el rencor hacia un padre que eligió la revolución por sobre la familia.
 
Laura Alcoba ha publicado recientemente Los pasajeros del Anna C. (2012), un libro en el que reconstruye el itinerario de sus padres cuando fueron a Cuba a recibir formación militar. Esta experiencia es narrada desde diferentes puntos de vista provistos por protagonistas que ensamblan un relato desapegado y desidealizado de aquel momento. El periplo a Europa del Este y de allí a Cuba coincide con la gestación y nacimiento de la propia Laura Alcoba. Por otra parte, ese largo viaje inaugura una cadena de errancia que culminará con el exilio en París, ciudad en la que Alcoba aún reside. La identidad de un sujeto del que nadie puede recordar el nombre falso con el que fue inscripto, el nombre apócrifo con el que ingresó a la Argentina, se vincula con el trabajoso proceso de construcción de la identidad y las máculas del exilio, que es un exilio hasta de la propia lengua, ya que las novelas de Alcoba fueron publicadas en francés y traducidas al castellano --Los pasajeros… es la tercera novela de Laura Alcoba, con anterioridad había publicado La casa de los conejos (2008) y Jardín blanco (2010). Una vez más, la demanda de los hijos hacia los padres como impedimento para vivir una niñez normal y las marcas que ese pasado deja en el presente.
 
Por último, la novela de Patricio Pron, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2012), trata sobre el retorno a la Argentina del escritor, autoexiliado en Alemania, con motivo de la enfermedad de su padre. Las escenas, repartidas entre el hospital y la casa paterna, abordan la conflictiva relación con el progenitor y los borrados recuerdos de infancia. A partir de una carpeta que el hijo encuentra entre los papeles del padre logra identificar que el pánico asociado a la niñez, un miedo oscuro que continúa persiguiéndolo, se relaciona con las amenazas que se cernían sobre la familia a causa de la militancia de los padres.
 
Las coincidencias biográficas de los autores resultan demasiado tentadoras como para prescindir de ellas a la hora de comparar las producciones: en los tres casos nos encontramos ante escritores cuyos padres fueron víctimas, en diferentes grados, de la violencia política argentina. La historia de los padres es también la de los propios escritores en la medida en que la muerte, el exilio y el miedo dejan profundas huellas en los sujetos. Los tres autores residen fuera de la Argentina: Semán en Estados Unidos, Alcoba en Francia y Pron en Alemania. En los tres casos, pero especialmente en los escritores hombres, la relación con el padre aparece expresada como un drama kafkiano. Las enfermedades de la madre de Semán y del padre de Pron aparecen ligadas a escenarios posteriores al 2001 y funcionan en los relatos como alegorías de un derrumbe económico, político y social que se erige como un mojón significativo en la literatura argentina reciente. Pero más allá de las interrelaciones que se pueden trazar en las trayectorias biográficas, interesa analizar las coincidencias presentes en las obras.
 
Las tres novelas se recortan en un complejo espacio autobiográfico que ensambla realidad y ficción. Estos trabajos se constituyen a partir de pactos de lectura ambiguos ya que son a la par relatos que se recortan en un horizonte autobiográfico, pero que se construyen con los procedimientos de la novela. Estos autores generan un extrañamiento hacia aquello que se cuenta, como si quisieran eludir una primera persona autobiográfica que los colocara en el lugar de víctimas narrando sus propias desgracias. En cambio, la novela les permite un distanciamiento crítico de aquello que se narra en el que las opciones de los padres pueden ser puestas en duda.
 
Las marcas más significativas de los textos analizados tienen que ver con la estética de las ruinas. En opinión de Sandra Lorenzano (2001) esta concepción aparece como la contraposición con la estética fascista de los monumentos. En estos textos el estilo fragmentario da cuenta de las heridas, de las huellas dispersas de lo que es imposible reconstruir. En las tres novelas, por ejemplo, las fotografías juegan un rol fundamental. De esta manera se contrapone la memoria, que aparece siempre como una construcción caprichosa, con la foto, que al decir de Barthes (2012), representa el esto-ha-sido, colocándonos ante la reproducción analógica del pasado y de la muerte. Otro recurso presente es la utilización de entrevistas como forma de cotejar los diferentes puntos de vista a partir de los cuales se accede a una historia: de esta forma el testimonio pierde su estatuto como el territorio de la verdad, porque lo verdaderamente cierto es el sufrimiento y el dolor (Strejilevich, 2006). De esta manera los relatos huyen de las formas canónicas tanto como de los clichés políticos sobre el tema dado que elaboran una mirada polémica, políticamente incorrecta, pero que tampoco puede ser asociada a las voces críticas de la militancia o a las justificaciones del accionar militar. Estos escritos evaden también el relato tranquilizador: una historia que permita la reconstrucción de la propia identidad y de esa manera el vínculo conflictivo con los padres. Por el contrario, lo que estos autores exhiben es que nos encontramos ante una estética de las ruinas en la que el relato es imposible y por eso solo nos proponen sus huellas desordenadas. La propia imposibilidad de contar aparece entonces como el eje que mueve un relato disperso que paradójicamente, se presenta como lo inacabado y lo profusamente elaborado. El resultado son relatos intimistas de profundas implicancias sociales.
 
3- Coda
 
Patricio Pron parece hacer expresado con claridad el rol que cabe a los hijos en este período de revisión sobre lo que supuso la dictadura para nuestra sociedad: “Los hijos son los detectives de los padres, que los arrojan al mundo para que un día regresen a ellos para contarles su historia y, de esa manera, puedan comprenderla.” (Pron, 2012:12). De esta manera los relatos que los hijos urden sobre sus padres ponen fin al silencio y al vacío mediante la restitución de un coro de voces y del desorden del fragmento. La literatura elaborada por los hijos posee puntos de contacto con el discurso de H.I.J.O.S, pero aunque estas imágenes se solapen no coinciden enteramente: las zonas grises de la discrepancia política o del cuestionamiento familiar aparecen resaltadas en la mirada literaria.
 
Por último, es interesante destacar que el corpus de la literatura de los hijos que puede construirse no puede estar determinado por el grado de violencia sufrida por los autores rastreable en sus biografías (¿no hemos sido todos en algún grado víctimas de la violencia política?), ni por los temas abordados por estos escritores (ya que los textos pueden no hacer referencia a la política, la militancia, el dolor y la pérdida para ser literatura de la dictadura). La literatura de la dictadura elaborada por los hijos de este proceso se caracteriza por una estética de las ruinas y los fragmentos que signa la escritura de los escritores de una nueva generación. 
 
Bibliografía
 
Alcoba (2008): La casa de los conejos (Buenos Aires: Edhasa).
------ (2010): Jardín blanco (Buenos Aires: Edhasa).
------ (2012): Los pasajeros del Anna C. (Buenos Aires: Edhasa).
Barthes, Roland (2012): La cámara lúcida. Nota sobre fotografía (Buenos Aires: Paidós).
Bourdieu, Pierre (1984): Sociología y cultura (México: Grijalbo).
Dalmaroni, Miguel (2004): La palabra justa. Literatura crítica y memoria en la Argentina (1960-2002) (Mar del Plata: Melusina).
Garramuño (2009): La experiencia opaca. Literatura y desencanto (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica).
Gelman, Juan y Lamadrid, Mara (1997): Ni el flaco perdón de Dios. Hijos de desaparecidos (Buenos Aires: Planeta).
Guitelman, Paula (2006): La infancia en dictadura. Modernidad y conservadurismo en el mundo de Billiken (Buenos Aires: Prometeo).
Lorenzano, Sandra (2001): Escrituras de sobrevivencia. Narrativa argentina y dictadura (México: Universidad Autónoma Metropolitana).
Pron, Patricio (2012): El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (Buenos Aires: Mondadori).
Ruiz, Laura (2005): Voces ásperas. Las narrativas argentina de los ’90 (Buenos Aires: Biblos).
Semán, Ernesto (2011): Soy un bravo piloto de la nueva China (Buenos Aires: Mondadori).
Strjilecich, Nora (2006): El arte de no olvidar. Literatura testimonial en Chile, Argentina y Uruguay entre los ’80 y los ’90 (Buenos Aires: Catálogos)
Suárez Córica, Andrea (1996): Atravesando la noche. 79 sueños y testimonios acerca del genocidio (Avellaneda: Ediciones de la Campana).
Williams, Raymond (2009): Marxismo y literatura (Buenos Aires: Las cuarenta).
 
* Adriana Badagnani es Licenciada en Historia, se encuentra realizando la Maestría en Letras Hispánicas. Es Becaria de Investigación en la categoría Iniciación por la Universidad Nacional de Mar del Plata. Esta ponencia fue leída en el V Seminario Internacional de Políticas de la Memoria. Buenos Aires, 4, 5 y 6 de octubre de 2012.

octubre 25, 2012

"El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" según Francesc Bon

"Pron, se dice, es un fiel seguidor de la escuela de Bolaño. De todos los que he leído a los que se ha atribuido esta condición, Pron es el que lo hace con más merecimiento. Y no se trata de imitar estilos o estructuras o sablear ambientes. Se trata de escribir con prosa impecable, minuciosa y culta pero a la vez accesible y evocadora, de respetar al lector procurando seguir interesando a cada frase, y de dejar escapar con sutileza mensajes entre líneas, eludiendo lo panfletario y lo propagandístico. Así que hablamos de palabras mayores, de formidable literatura confeccionada, como mucha gran literatura se confecciona, en base a muy poco: a meras experiencias personales orquestadas y aderezadas para que muchos viajemos por sus páginas. Un formidable libro."

Más, aquí.


Publicado en el blog personal del autor. 24 de octubre de 2012.

octubre 04, 2012

Antología en Movimiento: Irene Antón y Rubén Hernández (Errata Naturae)

"La librería madrileña La Buena Vida presenta un pequeño ciclo de conversaciones que el escritor Patricio Pron sostiene con músicos, cineastas, intelectuales y escritores que le interesan. Como todo proyecto de su tipo, Antología en movimiento está presidido por los gustos y las preferencias de su responsable, pero también por el deseo de propiciar diálogos que vayan más allá de los orígenes nacionales y el ámbito artístico de sus participantes. Es decir, por el deseo de realizar una antología (caprichosa, personal, discutible) de lo más interesante de la cultura española contemporánea según su responsable. Una serie de diálogos memorables que permitan cartografiar la escena, no sólo literaria de nuestro país, como si fueran las páginas de un libro que se va disolviendo en el aire a medida que es leído."

Jueves, 4 de octubre, a las 20:30 horas
Irene Antón y Rubén Hernández, editores de Errata Naturae
 
Más, aquí.


Publicado en la página web de la librería. Madrid, octubre de 2012.

octubre 02, 2012

Una conversación con Teju Cole

La conversación, que tuvo lugar en el CCCB de Barcelona el 17 de setiembre pasado, aquí (en catalán).


Publicada en la página web de la Editorial Quaderns Crema. Setiembre de 2012.