THE STRAIGHT RECORD: LA VERSIÓN DE MI PADRE




«Ring them bell /for the chosen few /
who’ll judge the many / when the game is through.»
 [Toca las campanas / por los pocos escogidos /
que juzgarán a los muchos / cuando el juego haya acabado]
Bob Dylan, «Ring Them Bells»


El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia es un relato acerca de ciertas cosas que me sucedieron a mí y sucedieron a mi familia en el período comprendido entre 1972 y 2008. Aunque los hechos narrados en el libro son principalmente verdaderos, algunos son producto de las necesidades del relato de ficción, cuyas reglas son diferentes de las de géneros como el testimonio y la autobiografía. La idea de escribir acerca de ellos me rondó durante aproximadamente cuatro años; la dificultad principal que se me presentaba era la de contar una historia sobre la cual yo mismo tenía más preguntas que respuestas y que no me pertenecía a mí por completo. Escribir acerca de lo que le ha sucedido a uno mismo plantea siempre dificultades de índole mayoritariamente técnica, pero escribir sobre lo sucedido a otros, en particular si eso que sucedió fue doloroso y lo es aún en la memoria, supone dificultades de índole principalmente ética. El texto tuvo varios comienzos fallidos y su tema fue variando y despojándose de elementos ficcionales a consecuencia de esa dificultad; mi manera de solucionarla fue solicitar la autorización de mis padres para contar nuestra historia. Mis padres accedieron, con la condición de que ellos leyesen el manuscrito primero y dispusiesen del derecho a veto sobre la publicación del libro en Argentina. Al leer el manuscrito, sin embargo, no ejercieron ese derecho. Más aún, mi padre creyó importante hacer algunas observaciones con la finalidad de dar su visión de los eventos narrados y reparar ciertos errores, lo que contribuyó a un diálogo sobre ciertos hechos que él y yo habíamos deseado tener en muchas ocasiones y nunca habíamos tenido. Aquí se reúnen algunas de esas observaciones, que mi padre escribió en agosto de 2010 y que resultan el primer testimonio de la clase de reacciones que El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia pretende provocar en primer lugar. La referencia al inicio de cada una de ellas se corresponde con la paginación de la edición española del libro.


Pág. 23
No sé si perdimos esa batalla, aunque a veces lo sentimos así. Pero este libro, en cuanto a lo que hemos legado a nuestros hijos, pareciera indicar lo contrario. Que una generación piense que perdió –o ganó– una batalla implica una soberbia adolescente que se cae en la madurez, cuando entendés que el homo sapiens tiene miles de años en el planeta.

Pág. 27 (línea 15) y sigs.
Lo correcto es decir la Argentina.

Pág. 35
Leí a Silvina Ocampo, Beatriz Guido, Ernesto Sabato. En todos los casos muy poco pero lo suficiente para decidir que no ocupen lugar en la biblioteca. El túnel, por ejemplo, debe haber quedado en El Trébol, lo mismo que alguna obrita de las mencionadas autoras. De Victoria Ocampo no leí nada, por prejuicio de clase, y de Borges lo que leí –El Aleph, entre otros– no me interesó. Tal vez no elegí la producción adecuada.

Pág. 39
La cita debe tener muchas traducciones. La que a mí me gusta (y la llevo en el bolso junto con los documentos y otros papeles que necesito sentir que me acompañan siempre) es ésta: «He peleado hasta el fin el buen combate. Concluí mi carrera. Conservé la fe.»

Pág. 62
La heladería no se llamaba Lino sino Blanrec. Lino (QEPD) era quien elaboraba los helados, junto con su hermano Roberto. Blanrec es una sigla que reúne las iniciales del padre de los Culasso y los hermanos: Blas, Lino, Ángel, Natalio, Roberto, Emilio y Carlos. Blas era el padre, y el orden de los hijos no es el de edad porque haría la sigla impronunciable. La firma ya no existe y la heladería sigue funcionando en manos de otra sociedad.

Pág. 75
Muy bien descripta la cuestión. El caso Burdisso fue sólo un detonante, la gota que hizo rebalsar el vaso de lo que realmente preocupaba a la «la parte sana» de la comunidad trebolense. Eso se evidenció en la primera reunión en la plaza para reclamar el esclarecimiento de la desaparición de Alberto, en la que participaron muchas de las figuras públicas del pueblo, necesariamente emparentadas con el dinero y el poder y eventuales sujetos de un interés delictivo. En las siguientes movilizaciones se las vio cada vez menos y en las últimas ni aparecieron.

Págs. 78-79
No es tan taxativo, Más bien el concepto, en el entendimiento local, alude a quien no esté integrado al sistema. Por el contrario, se considera «buena gente» a aquella que trabaja, que tiene familia bien constituida o comportamiento decente, que viene de buena familia y que aunque se haya descarriado un poco en la juventud logró sentar cabeza. Accesoriamente se valora o valoraba asistir a misa y pertenecer al Rotary Club o por lo menos al Club de  Leones. Los antecedentes familiares pesan mucho en la idea de buena o mala vida, por lo que, aquí sí, el hecho de no tener arraigo de generaciones en el lugar pone a las personas bajo sospecha en tanto esos antecedentes permanezcan ocultos o difusos.

Pág. 80
Las notas en El Ciudadano nunca las escribí yo. Ni siquiera me preguntaban. A veces era yo el que aportaba algún comentario que los redactores de Policiales tomaban para consultar con el juez de la instrucción, con despacho en San Jorge.

Pág. 82
Mi abuelo Juan Bautista subió a desarmar el andamiaje de madera construido para levantar la torre. Lo que hizo valorable su determinación ante esta faena que otros rehusaron practicar es que el maderamen estaba podrido debido a que había pasado dos décadas a la intemperie entre su montaje y el momento en que se decidió retirarlo.

Pág. 92
La sigla significa «Mutual, Social y Biblioteca».

Ibíd.
Quien te sacó la espina era una médica –la doctora Josefina de Perlo–, no un dentista.

Ibíd.
Lo de "anciano" me hizo reír. Es el abogado Roberto Maurino, condiscípulo mío y de Burdisso en la primaria, el que le tramitó la indemnización por la hermana y uno de los que convocaron las movilizaciones. Fue, además, el autor y coordinador –hubo aportes de distintas personas reunidas como Grupo Abuelos de Trebolense, del que soy orgulloso miembro– del libro editado con motivo del centenario de Trebolense, en el que hay un par de notas mías.

Págs. 99-100
Respuestas a las preguntas planteadas: 1) Se asfixió por falta de oxígeno y aspiración de polvo desprendido de los escombros que volcaron sobre su cuerpo. 2) Las fracturas y tal vez la pérdida de consciencia previa al deceso le habrían impedido manipular el teléfono, o tal vez el aparo no recibió las llamadas, ubicado junto al cuerpo a diez metros de profundidad y lejos de la antena que debió transferirle las llamadas.

Pág. 142
El poema es de Alicia. Hay otros en un cuaderno que guarda Fanni –la de Fanny Perfumerías. ¿Te suena?–, la ahora viuda de David Páez, el abogado primo hermano y tutor de Alicia y  Alberto cuando éstos quedaron huérfanos. David, como su hermana Mirta, con quien vivía Alicia en Tucumán, eran militantes del PC. David, especialmente, era muy reconocido en el ámbito académico rosarino, donde ejercía como docente de Derecho de la UNR. Tras el paréntesis impuesto por la última dictadura volvió a las aulas y creó y dictó una cátedra sobre derechos humanos. Luego de su fallecimiento, meses después de la de Alberto, recluido en su departamento del barrio Martin sufriendo las consecuencias de un ACV e ignorante de la suerte corrida  por su primo porque Fanni sostenía que habérselo hecho saber hubiera acelerado su muerte, su nombre le fue impuesto a un aula de la facultad donde ejerciera la docencia.
           
Pág. 142
Iniciar no, pero sí ofrecer un espacio –el del grupo que hacía aquel periódico juvenil– donde encontrarse entre iguales y protegido del ambiente ultraconservador y hostil que era –y en buena medida sigue siendo– la comunidad de El Trébol, para la que nosotros éramos, genéricamente, «los comunistas».

Pág. 148
Acostumbramos escribir Resistencia Peronista como nombre propio –las dos palabras con mayúsculas– subrayando Peronista más allá del simple calificativo.
           
Pág. 166
GdH nunca fue marxista leninista; tenía raíces en la Resistencia Peronista. El FEN (Frente Estudiantil Nacional), que a comienzos de los 70 se unió a GdH junto a otras agrupaciones de distintos lugares del país para conformar la OUGT (Organización Única del Trasvasamiento Generacional), sí había tenido una adolescencia marxista, que había abandonado para adentrarse en un difuso «socialismo nacional» de donde encontró salida en el peronismo.

Ibíd.
Es inexacto. De alguna forma mutó al determinismo: No había Argentina sin peronismo ni peronismo sin Perón, rompiendo precisamente con la caracterización gorila [antiperonista] del hogar de origen de muchos de sus miembros.

Págs. 166-167
La vía de las armas nunca fue algo realmente discutido como posibilidad, ni tampoco descartada. En realidad no era un tema de discusión; había sido aventado por lo que decía Perón: «Entre el tiempo y la sangre es preferible lo primero». Lo que sí siempre estuvo presente fue la idea de la preservación, por lo que se constituyó un núcleo. «Armas» se llamaban en la jerga interna las distintas columnas de la Orga, donde se usaba ese lenguaje porque había sido conformada en base a una metodología tomada de la experiencia de las escuelas clásicas de la doctrina militar europea expuesta por Napoleón, Moltke, etc., y porque se quería imbuir a los militantes del concepto de «Nación en armas», como se interpreta que fue lo que posibilitó la emancipación nacional. (Una disgresión: ésta fue una de las críticas al desarrollo de la Guerra de Malvinas, que no se puso a la Nación en armas, que yo le planteaba a [Aldo] Rico en el año 85 cuando todavía estaba en actividad, antes de los alzamientos contra Alfonsín. Él, con el espíritu elitista propio de la formación que había recibido, desestimaba mi opinión y quería hacerme entender que la guerra es una cosa de profesionales y que la derrota en Malvinas se debía sólo a que los profesionales que la habían conducido no eran idóneos.) Retomo: se creó el arma de la Defensa, una pequeña tropa encargada de garantizar la seguridad de los militantes en el terreno de las operaciones, tanto frente al régimen gobernante como frente a  otras organizaciones políticas y militares que pudieran oponérsenos con riesgo para la integridad de los compañeros. Esa unidad realizó tareas de vigilancia, custodia y acompañamiento de compañeros que podían ser blanco de ataques.

Págs. 168-169
No puedo aceptar que los hijos de aquella época y de aquellos participantes de la experiencia que movilizó a buena parte de una generación hayan sido un premio consuelo o una especie de salvoconducto tramitado para escudarse en un allanamiento o ante un retén. La prueba de que esto no es objetivamente así está en los muchos chicos huérfanos, robados y aún asesinados junto con sus padres sin que su presencia haya servido para que estas atrocidades no ocurrieran. Para mí es muy importante que esto esté claro, aunque se inserte en un marco de ficción, porque induce a equívocos que harán padecer a muchísimos compañeros y harán dudar a muchos que acogieron y acompañaron nuestra militancia en la certeza de que peleábamos por la vida, no por la muerte.Yo diría que por respeto a todos los padres que atravesamos aquella circunstancia histórica habría que reformular el contenido de 13 y adecuar en consecuencia el de 14.

Pág. 171 (Apartado 4)
¿Te parece que los dictadores, los acomodaticios, los indiferentes oportunistas, los pretetendidos varguardistas del ERP [Ejército Revolucionario del Pueblo] o Montoneros o los asesinos a sueldo de las Tres A eran y actuaban como humanistas o católicos?

Pág. 172
La actividad principal estaba en los barrios, barrios a secas, barrios humildes de trabajadores humildes pero no particularmente «marginales». En los barrios donde predomina la clase de gente que dio sustento al crecimiento y desarrollo del peronismo y a la que el peronismo le dio derechos –y obligaciones– en la transformación de la sociedad.

Ibíd.
Yo cambiaría «disolverse» por confundirse con o amalgamarse con. Disolverse me da la idea de desaparecer, no de integrarse.

Ibíd.
El peronismo, como nosotros lo veíamos, ya tenía conciencia política y revolucionaria. ¡No se la íbamos a dar nosotros como intelectuales iluminados! Más bien era al revés: buscábamos aprender, adquirir y compartir la conciencia política y revolucionaria del pueblo peronista.

Pág. 173
No me consta que esto haya pasado, y no me parece verosímil. Me habría enterado. Además, nunca fuimos delatores ni entregadores, y menos de nuestros compañeros. La negociación consistió en poner frente al proceso de disolución todavía pendiente a una especie de veedor –que fue un oficial de la Marina retirado– que resultara confiable para el enemigo y aceptable para nosotros, que necesitábamos terminar de replegarnos.

Ibíd.
La Orga había llegado al punto de estar en posición de copar estructuras del movimiento peronista, que era el plan de los Montos, en una dinámica que alcanzaría el objetivo por la simple fuerza de la inercia frente al vacío que había dejado la muerte de Perón. Autodisolverse fue la forma de impedir que ello ocurriera traicionando su mandato. Yo acepté eso.

Pág. 175
Nunca hubo «enjuiciamientos» ni expulsiones. Sí discusiones con los que manifestaron disidencias que hicieron que ellos mismos se alejaran por decisión propia. Es el caso, entre otros, de Amarú Luque (a Montoneros, fusilada en la masacre de Palomitas), Pepo Briggiler (a las FAR; caído después del asesinato del general Sánchez, en el que había tenido participación) o la Vasca Enatarriaga (que se pasó al ERP, fue herida en un enfrentamiento y detenida, y más adelante, ya en el Proceso, asesinada).

Pág. 178
«[…] de la Argentina.»

Pág. 181
Más involucrado estuvo, por ejemplo, Carlitos Bosso, combatiente montonero –no está en las fotos porque ya se había apartado del grupo–, capturado y desaparecido junto con su esposa, que lo único que pudo negociar antes de ser asesinado es que entregaran a sus padres la pequeña beba de ambos (Mariana), lo que los milicos cumplieron dejándola en manos de unos parientes de Las Rosas que tenían allí una funeraria. Éstos a su vez la hicieron llegar a El Trébol. Otro fue Roberto Maurino (el "anciano" que habla en la plaza y frente al Club en el sepelio de Alberto), jefe en la Facultad de Derecho de la UNR de la JUP, una de las estructuras de superficie de Montoneros, quien estuvo detenido un mes en el Batallón 121 pero fue liberado. De Alicia, militante del PC, cuya cúpula alentaba los negocios establecidos entre [Jorge Rafael] Videla y [José Alfredo] Martínez de Hoz y el gobierno de Moscú que se convirtieron a la Argentina en el principal proveedor de  granos a la URSS durante la dictadura, se hizo correr un rumor de que tenía relación con un integrante del ERP y que ése era el motivo por el cual fue secuestrada. Pero de eso no hay ninguna prueba ni testimonio, y hasta es posible que el rumor se haya originado para justificar su desaparición en el mismo El Trébol, donde comunistas y guerrilleros eran una sola cosa fuertemente rechazada por la sociedad ultraconservadora del pueblo, para justificar su desaparición.

Ibíd.
Ya aclaré que yo no creo haber sido, aunque acepto que la modesta experiencia que significó aquel grupo reunido alrededor del semanario pudo haber acompañado de su determinación. Pero también reconozco, tal vez sobrevalorando esa influencia, que llevo su martirio como una dolorosa carga, lo que no me pasa con Carlitos, víctima de la «contraofensiva» pérfidamente tramada por la cúpula montonera.

Finalmente, hay una reflexión de mi padre sobre el estatuto ficticio del libro, que reproduzco en extenso:

Como indicás al final, un poco de ficción puede teñir el todo de ficción, y es posible que para los lectores españoles el contenido de esta novela pueda resultar de comienzo a final sólo un audaz ejercicio de imaginación. Pero, se haga o no una edición para la Argentina, el libro se va a comentar inevitablemente aquí y los que sean hechos objetivos contenidos en el texto se van a confrontar con la realidad. La consecuencia esperable es que quienes tengan conocimiento al respecto se sientan afectados, de una manera o de otra, y que quienes no, los tomen por ciertos tal como se cuentan, porque van muy en paralelo con lo realmente ocurrido y es muy difícil distinguir entre lo verdadero y lo falso. Mi idea es ésta: si no estoy equivocado, y mi previsión es acertada, mejor que se enteren bien, así no hay conflicto. Después está lo otro: indudablemente siempre ponemos de nosotros en una historia, por más ficcional que uno pretenda que sea. Pero en este caso la ficción, para nosotros, está sólo en el formato; lo demás es casi biográfico, o autobiográfico. No puedo –no pude– leer la novela como el producto de una maquinación intelectual. No pude leerla sin que me conmoviera como nos conmovió a todos los que la leímos y como, no me cabe duda, conmoverá a todos los que nos conocen cuando tengan oportunidad de hacerlo. Yo, en particular, la leí como si todo el texto fuera una larga carta, escrita con el corazón más que con el cerebro. Y veo en ella que pudiste cruzar un puente que a mí me resulta muy difícil atravesar, aunque espero tener vida y valor suficiente para poder hacerlo alguna vez, aunque sea con mi último aliento, en la forma como vos, tus hermanos y tu madre lo merecen. Afortunadamente pude cruzar hace mucho el puente que me separaba, a la vez que me unía, con tu abuelo. Ésa fue una de las cosas, creo, que permitió tener mis propios hijos. Días atrás, me costaba terminar de leer en la oficina el texto impreso […] Jorge, sentado en el escritorio contiguo, me miraba disimuladamente con el rabillo del ojo. Creía que yo no lo veía, pero sí, y me daba cuenta de que se preguntaba: “¿Qué carajo le pasa a éste?”. Pero no se atrevía a preguntar. Tampoco hubiera podido explicarle.»



ADENDA DE MAYO DE 2012


1

Aunque escribí El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia creyendo que era así, lo cierto es que Alicia Raquel Burdisso no es la única activista desaparecida nacida en El Trébol.

Carlos Alberto Bosso, detenido y secuestrado en *osario el 17 de setiembre de 1977 junto a su mujer y a su hija de quince meses de edad, también nació en El Trébol, el 7 de febrero de 1950. Mientras estudiaba en la Universidad Nacional del Litoral, en la ciudad de Santa Fe, Bosso se había vinculado al Ateneo, un grupo inspirado en la corriente tercermundista de la Teología de la Liberación, para incorporarse a continuación a la Juventud Peronista y después a Montoneros; obligado a abandonar la ciudad, se trasladó a *osario con Mariana, su hija de quince meses, y su esposa, María Isabel Salinas, nacida en Santa Fe el 18 de diciembre de 1954. Allí, los tres fueron capturados por fuerzas del Ejército argentino, que devolvieron a la niña a sus abuelos paternos (ver abajo) y trasladaron a la pareja al centro clandestino de detención «La Calamita» de la localidad de Granadero Baigorria y a continuación (al parecer) a una propiedad rural en la localidad santafesina de Monje, donde ambos fueron supuestamente asesinados mediante la aplicación de una inyección letal y rematados a balazos. En junio de 2010, sus restos fueron identificados entre los exhumados por el Equipo Argentino de Antropología Forense en una fosa clandestina localizada en una propiedad rural del Ejército ubicada en la localidad de Laguna Paiva, donde los cuerpos de Bosso y de su esposa habían sido sepultados y cubiertos con cal junto a los de otros veintiséis prisioneros. Tras haber sido identificados, los cuerpos de Carlos Alberto Bosso y María Isabel Salinas recibieron sepultura definitiva en el Panteón de la Memoria del Cementerio Municipal de Santa Fe el 17 de abril de 2011.

Durante su cautiverio, treinta y cuatro años antes, Bosso había escrito una carta a sus padres encomendándoles a su hija Mariana; la carta, cuya datación es ilegible, aparece reproducida a continuación, respetando la ortografía y la sintaxis originales, al igual que la que les dirigió María Isabel Salinas con el mismo propósito.




Queridos padres:

Estas líneas son para pedirles un gran favor, este es que cuiden por un tiempo a Mariana. Sabemos que lo van a hacer con mucho amor como lo hicieron conmigo.

Como Uds. saben a Mariana la queremos mucho, pero creemos que por un tiempo es mejor para ella que esté con Uds. Luego nos volveremos a encontrar, todo será distinto que hasta ahora y le explicaremos bien todo.

Pensamos que Mariana va a estar bien con Uds. quizás al principio extrañe un poco, pero es muy buenita y se va a acostumbrar pronto.

Díganle que tanto mamá como papá la quieren mucho y que ahora están lejos trabajando mucho para luego vivir felices todos juntos y tener mucha paz.

Saludos a los nonos, a los tíos y un fuerte abrazo y beso para Uds. de Mariana, Mary y yo.

Chau

Carlitos


NOTA: Avisenle a los padres de Mary que Mariana esta pasando unos días con Uds, como hace mucho que no la ven quizás puedan arreglar para que pase un día con ellos.
NÉLIDA B. DE SALINAS
CORRIENTES 4203
SANTA FE

 *

[Las primeras líneas sólo son legibles de forma fragmentaria] […] Mariana ya puede comer de todo […] año (puré, huevo, carne a la parrilla […] Ahora le agregué salsas hervidas con albóndigas […] semana, milanesas 1 vez por semana […] puede comer sin abusar, menos tortillas, […] buñuelos porque son pesados. Frutas también come […] menos uva (son pesadas), la banana lo que más le gusta, come todos los días 1 o 2) la come mejor pisada con manzana rallada.

Los horarios de comida son: cuando se despierta, […] a 830 hs. 1 mamadera (leche pura) con 2 cucharaditas de azúcar. Almuerza entre 12 o 1230 hs con la fruta y un jugo de naranja. Al agua se la doy hervida. Duerme […] esta y la otra mamadera, se la toma entre las […] 730 hs y a las 20 hs o 2030 hs cena. Antes de dormir se toma otra mamadera. Esta última mamadera […] doctor me dijo que tenía que sacársela, pero todavía no lo hice, si Uds quieren pueden suprimírsela.

No está acostumbrada a comer caramelos ni masitas entre las comidas.

Esta semana estuvo 2 días con fiebre, el médico dijo que era una gripe, le recetó Bactrim (un […] y Multin para la fiebre).

El estado gripal se le fue, lo que le quedó es el resfrío.

Desde ya les estoy muy agradecida por lo que Uds. puedan hacer por Mariana y se que en ningún otro lugar va a estar mejor que con Uds.; ya que nosotros no la podemos tener. Muchas Gracias. Denle un Beso […] días de Papá y Mamá a Mariana, que la queremos mucho. Un beso y un abrazo para Uds.

[…]

Mary

2

El Trébol tiene un tercer activista desaparecido por razones políticas, Luis Alberto Tealdi, que nació en Susana el 3 de diciembre de 1921 pero vivió en El Trébol desde 1939 por lo menos. Allí trabajó en la fábrica De Lorenzi y en el hospital local y fue «guardavalla» del equipo de fútbol del Club Atlético El Expreso, que también entrenó. A continuación se trasladó a Mendoza y después a la ciudad bonaerense de Campana, donde ingresó a un establecimiento siderúrgico propiedad del grupo Techint; allí se erigió como un referente en la defensa de los derechos de los trabajadores de la empresa, lo que llevó a que fuera secuestrado el 28 de setiembre de 1977. No existen certezas sobre qué sucedió a continuación; sus restos aún no han sido localizados.


3

En febrero de 2011 (poco antes de la publicación de El espíritu de mis padres sigue subiendo en España), mi padre solicitó al director del Museo de la Memoria de *osario, Rubén Chababo, que le proveyese la información de la que dispusiera sobre estos tres casos para apoyar un proyecto de ordenanza municipal de su autoría destinado a la creación de un Espacio de Memoria que los evocara. En su fundamentación al proyecto de ordenanza que había elevado al Concejo Municipal de El Trébol, mi padre afirmaba:

Las interrupciones de la vida institucional en la República Argentina representaron siempre una apropiación ilegítima de la voluntad inalienable del pueblo argentino por parte de sectores que impusieron sus intereses de grupo sobre los del conjunto de la sociedad impidiéndole el ejercicio de los derechos consagrados en la Constitución nacional.

Esa enajenación de derechos, que nuestra Carta Magna califica como «delito de sedición» fue enfrentada, cada vez que se produjo, por la voluntad de lucha de muchos ciudadanos dispuestos a defender los mandamientos de la Constitución y la ley, destacándose en esa actitud frente a los indiferentes y a los oportunistas que traicionando prerrogativas que sólo pertenecen a la ciudadanía en su conjunto consintieron la existencia de esos gobiernos dictatoriales o formaron decididamente parte de ellos.

Entre esos luchadores se contaron Alicia Raquel Burdisso Rolotti y Carlos Alberto Bosso Rovito, secuestrados y desaparecidos en la última dictadura cívico-militar, la primera en Tucumán el 21 de junio de 1977 y el segundo en Rosario, junto con su esposa María Isabel Salinas de Bosso, el 17 de septiembre de 1977.

Ambos nacieron en la ciudad de El Trébol, hijos de respetadas familias de la comunidad, y aquí realizaron sus estudios primarios y secundarios y participaron activamente de la vida local hasta que debieron alejarse para continuar su formación en otras ciudades del país. En esas circunstancias, y al ser quebrado el orden institucional de la República, ambos se convirtieron en abnegados luchadores por el retorno a las instituciones democráticas y el respeto a la voluntad del pueblo.

Ni el tiempo transcurrido desde entonces ni los juicios que se realizaron contra los responsables de ese oscuro período de nuestra historia para establecer la verdad de lo sucedido permitieron hasta ahora saber cuál fue la suerte de estos dos ciudadanos de El Trébol (que puede presumirse con clara certeza a partir de otros casos similares), cómo fueron sus últimos momentos y dónde se encuentran sus restos, negados a sus familiares y a toda la sociedad argentina.

El derecho a saber la verdad no puede ser escamoteado a la historia ni al pueblo argentino, pero tampoco puede dilatarse más el reconocimiento a estos hijos de la ciudad que contribuyeron con el martirio y el sacrificio de sus vidas a la recuperación del estado de derecho y la vida democrática.

Tener memoria es un componente imprescindible para avanzar en la construcción de la Argentina, y, en el caso de estos dos ciudadanos de El Trébol, un deber de todos los que aquí podemos disfrutar hoy de la libertad recuperada.

*

No conozco los entresijos de la gestión, pero (finalmente) el Concejo Municipal de El Trébol sancionó con el número 858 el proyecto de ordenanza de mi padre, quien proponía en él la colocación de «un pilón o cenotafio donde queden grabados los nombres de ALICIA RAQUEL BURDISSO ROLOTTI y CARLOS ALBERTO BOSSO ROVITO, secuestrados y desaparecidos durante la dictadura cívico-militar instalada tras el golpe de Estado perpetrado el 24 de marzo de 1976» flanqueado por «dos árboles que representen ante las generaciones presentes y futuras la presencia permanente de estos dos ciudadanos de El Trébol secuestrados y desaparecidos por actuar en consecuencia con los ideales, valores y convicciones propios de quienes estuvieron dispuestos a darlo todo, incluso sus propias vidas».

El 24 de marzo de 2012 (es decir, en el trigésimo sexto aniversario del golpe de Estado), fue inaugurado en El trébol el «lugar de memoria, por la verdad y la justicia» que había propuesto mi padre. Al reseñar dos días después el evento, la publicación Como Somos Digital mencionaba la presencia en el acto de inauguración del intendente local, Fernando Almada, del escultor Mario Amurri (autor del grupo escultórico erigido en el lugar) y de miembros del gabinete municipal y algunos concejales, así como del diácono Leandro Orellano y del jefe del Equipo de Antropología Forense en *osario. En el acto hablaron Roberto Maurino (quien también había intervenido en el, de acuerdo a El Trébol Digital, «acto multitudinario» del diecisiete de junio de 2008 «contra la impunidad del caso Burdisso y el no esclarecimiento de su misteriosa desaparición»; véase, en la novela, II, 23) y mi padre, que leyó fragmentos del libro. Aquí pueden verse algunas fotografías del evento, y un vídeo. Entre las personas retratadas se encuentran Mariana, la hija de Carlos Bosso y María Isabel Salinas, y María Luisa, la hija de Luis Alberto Tealdi. Mi padre y mi madre también estaban allí, y su espíritu.





ADENDA DE DICIEMBRE DE 2012



1

Algunos meses atrás, en agosto de 2012, mi padre tuvo un intercambio de correos electrónicos con Florencia Cresto, directora del teatro estudio Arkhè de la localidad bonaerense de Ciudad Evita, así como con Silvia Fantín, la amiga íntima y confidente de Alicia Raquel Burdisso en el instituto secundario, en El Trébol.

En uno de esos correos electrónicos (reproducidos aquí con su autorización, que le agradezco), la primera recuerda lo siguiente:

Nos conocimos en una visita mía a Tucumán en donde vivía por entonces mi hermano Edgardo, compañero de trabajo y amigo íntimo de Alicia […] y nos volvimos amigas del alma, aunque yo viviera en la cordillera y ella en Tucumán. […] Eran tiempos en donde escribir y despachar una carta suponía un tiempo y, en mi caso, semanas porque el correo nos quedaba a 60 kilómetros, pero tuvimos un ir y venir de cartas y hasta de encomiendas (nos intercambiábamos regalitos). En mi casa tienen un lugar de privilegio las estatuillas de cerámica y una cesta de tipa que me enviara. ¿Quién sabe dónde estarán las medias rojas que le tejí? […] Sus cartas aportan mucho sobre su cotidianeidad y sentires pero nada sobre su militancia, que era prácticamente nula (hacía títeres en un barrio y escribió un artículo sobre la condición de la mujer o algo así en un periódico del PC). […] Casi simultáneamente con la desaparición de Alicia, nosotros recibimos una «visita» de algo así como treinta efectivos del ejército al mando del teniente Vaquero, en la escuelita en la que estábamos a cargo, y, afortunadamente, salimos con vida, aunque me destrozaron la casa y, por supuesto tuvimos irnos. Ya en Neuquén, en 1978, me incorporé a la APDH [Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, una de las primeras organizaciones de su tipo en Argentina; mi nota] en la primera manifestación (éramos no más de doce personas) con la sensación de estar allí, paradita, por la memoria de Alicia, que me daba coraje. […] Los primeros años NADIE imaginaba que No aparecería. Yo dudaba...pero no lo decía. Algo me decía que no nos volveríamos a ver.

[…] Hice un viaje a Neuquén del que regresé hace un par de semanas y eso me ha impulsado a revisar mi propia historia.  También, estoy por cumplir sesenta años y es una oportunidad para abrir, desde otro lugar, la historia, los vínculos, el pasado sin nostalgia y sin quebrarme. Ya sin que el dolor me paralice.

2

Por su parte, Silvia Fantín sostiene que «después de buscar mucho entre mis álbumes y cajas de fotos encontré solo dos fotos en blanco y negro y chiquitas, de las antiguas», y agrega:

Mirá si habrá pasado el tiempo que la primera foto es en la laguna de Mar Chiquita en Córdoba, que hace mucho que no existe, cuando fuimos de vacaciones con mis viejos (creo que fue la única vez que fuimos de vacaciones en familia porque mi viejo siempre laburaba en el campo), teníamos más o menos 15 años. De izquierda a derecha está mi hermana Mercedes, un pibe del lugar, yo con lentes de sol, Alicia y otro chico de ahí. Como anécdota de ese viaje me acuerdo que una noche esperamos que todos se duerman en el hospedaje donde estábamos, nos pusimos las mallas y con mucho sigilo nos fuimos a meter al agua de la laguna donde no había un alma a las dos de la mañana. […] Siempre nos gustaba hacer cosas diferentes, tener secretos, hablar en clave (por ejemplo cada letra del alfabeto correspondía a un número y formábamos las palabras diciendo números en voz alta. Eso hacíamos en la Escuela de Comercio. […] Por esa época hicimos un curso de detectives por correo. Al terminar el curso investigábamos la vida de la gente en El Trébol. Ya ni recuerdo a quienes, pero era divertido.

[…] En el garaje de su tía, donde se supone que estudiábamos, escribíamos una novela que se desarrollaba en Acapulco y sus playas, cuyos personajes principales eran Sheela Kent y Lisa Kent que éramos ella y yo. No sé cual era ella y cual yo. Me acuerdo que nos hacíamos llamar las Tulis en la vida real, una era Tuli L.K. y la otra Tuli S.K. La novela nunca fue concluida. […] En ese garaje empezamos a fumar, atorándonos con el humo de los Jockey Club que le afanaba a mi viejo (él decía que estaba fumando mucho porque cada vez le duraba menos el paquete). […] Cuando estoy en El Trébol me acuerdo más. […] Me parece que su ausencia es un duelo que nunca he resuelto.


3

En palabras de mi padre, «es muy difícil conseguir material sobre Alicia»:

Lo que haya  espero que esté entre lo que dejó David Páez, quien fuera el tutor de Alicia y Alberto cuando murió el padre (la madre había fallecido antes). Sucede que David murió en 2010 y estuvo los dos últimos años afectado por un ACV [Accidente Cardiovascular] (al punto que no se le dijo del asesinato de Alberto para no añadirle un sufrimiento extra), y su viuda no se decidió todavía a hacer revisar su estudio de abogado para ver qué encuentra.

A comienzos de 2012, finalmente, mi padre tramitó una orden de la Justicia federal argentina para obtener en el cementerio de El Trébol muestras de los restos de los padres y del hermano de Alicia Burdisso allí sepultados. La tarea fue llevada a cabo por integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense con el propósito de conseguir referencias de ADN para comparar con las de los cuerpos que vienen siendo descubiertos en fosas comunes y enterratorios clandestinos o sepultados como «NN» en distintos cementerios, con la esperanza de que algún día puedan ser identificados entre ellos los de Alicia Raquel Burdisso.



ADENDA DE MAYO DE 2013


Algún tiempo atrás mi padre inició una serie de pequeños libros periodísticos sobre Carlos Alberto Bosso, Luis Alberto Tealdi y Alicia Raquel Burdisso, los activistas políticos desaparecidos de El Trébol. Aquí puede descargarse y leerse la primera entrega de la serie, dedicada a Carlos Alberto Bosso y a su esposa, María Isabel Salinas. Este es el texto que mi padre leyó en la presentación del libro (algunas de cuyas imágenes pueden verse aquí):

Revolver

 En la Argentina  –y en El Trébol, por supuesto–  seguramente hay muchos a los que les molesta una conmemoración como la de hoy. Y hasta es posible que algunas de las personas que están aquí, convocadas por una obligación antes que por una convicción, también piensen: ¿Para  qué revolver el pasado? ¡Ya está! ¡Dejemos a los muertos descansar en paz!
Es que no se trata sólo de muertos y desaparecidos. Éste no es un oficio fúnebre. Éste es un acto militante para pensar que las dictaduras tienen un propósito que va más allá de secuestrar y matar gente. Tienen el propósito de destruir un país, arrodillarlo, borrar la memoria de las gestas del pueblo en el camino de la construcción de la Nación, hacerle perder a su gente la capacidad de reacción y de lucha, aniquilar sus esperanzas, romper su tejido social, sus lazos de solidaridad y el elemental deber de ayudar al desvalido a ponerse de pie no con beneficencia sino con justicia social y dignidad.
Presentar este libro en un acto académico hubiera sido un desacierto.
Este libro  –el primero de tres que intentan traer al presente la figura y la acción de cuatro de nuestros conciudadanos inmolados en la entrega al ideal que condujo sus vidas: servir a los demás–  debía ser presentado en un acto militante. Un acto por la memoria de lo que nos pasó  –que nos pasó a todos–  y especialmente por la justicia que debe alcanzar a cada uno de los responsables  –civiles y militares–  de los actos criminales de las dictaduras, de todas y particularmente de la última.
Estas “Crónicas contra el olvido”  –que continuarán con otras dos entregas referidas a Alicia Burdisso y Carlos Alberto Tealdi–  buscan aportar algo más al conocimiento de las cosas que no deben volver a ocurrir.
Por eso hay que revolver.
Hay que re-volver, volver a soñar, volver a creer, volver a trabajar duro para la grandeza de la Patria y la felicidad del pueblo. Valorando, sí, lo que se ha conseguido recuperar  –entre esas cosas los cuerpos de Carlitos y Mary– pero convencidos de que hay que hacer más.
Hay que recuperar la utopía, ésa que nos hace levantar la vista del ombligo y enfocando el horizonte avanzar en la conquista de más igualdad, más oportunidades para todos, más justicia social, más solidaridad, menos egoísmo, menos cobardía, más fe en el prójimo, más integridad en nuestros procederes.
Sólo así tiene sentido esta conmemoración. Y sólo así estaremos honrando a nuestros caídos y marchando con firmeza hacia la verdad y la justicia.


ADDENDA DE MARZO DE 2014

 A la finalización del juicio por la desaparición de Alicia Raquel Burdisso y detenidos/desaparecidos en la provincia argentina de Tucumán, mi padre ha escrito el siguiente texto, que cierra (sólo desde el punto de vista legal) su historia:


Un paso más en la lucha contra la impunidad y el olvido
 
La justicia terrenal, finalmente, cumplió otra etapa de su tarea en Tucumán, la provincia argentina que supo ser llamada el Jardín de la República y que la última dictadura cívico-militar convirtió en el peor de los infiernos. De los 41 procesados por casos de secuestro, privación ilegítima de la libertad, torturas, homicidios y desapariciones de 215 víctimas analizados en la llamada “Megacausa Jefatura II - Arsenales II”, 37 fueron hallados culpables y sentenciados, cuatro de ellos a prisión perpetua. Y de éstos, 14 fueron condenados por la desaparición de Alicia Raquel Burdisso.
Alicia, nacida en la localidad santafesina de El Trébol y secuestrada en Tucumán en 1977 cuando tenía 25 años. Estudiaba en la Facultad de Filosofía y Letras, trabajaba en una dependencia encargada de suministrar agua potable a la población y militaba en el Partido Comunista. Fue vista por última vez en la Jefatura Central de Policía de la capital de esa provincia en junio-julio de ese año, como fue testimoniado en las audiencias del juicio.
A las pruebas del proceso fue incorporada documentación rescatada de la destrucción deliberada por un ex detenido a quien se había obligado a trabajar como administrativo para la policía, entre la cual se encuentra una lista de prisioneros con indicación de la suerte que habían corrido. En ella, el nombre de Alicia Raquel Burdisso está seguido por la sigla DF, que en la jerga represiva de la época indicaba “Disposición Final”. Es decir, asesinada.
Como responsables de ese homicidio (entre muchos otros) fueron condenados a cadena perpetua los policías Roberto Heriberto Albornoz (que ya había recibido igual pena en dos procesos anteriores en marzo y agosto de 2011 por delitos similares), Ricardo Oscar Sánchez y Luis Armando De Cándido.
A 16 años de prisión fueron sentenciados Juan Alberto Abraham, Oscar Humberto Gómez, Félix Insaurralde, Antonio EstebanVercellone y Ángel Custodio Moreno, con una condena anterior por asociación ilícita y tormentos agravados en perjuicio de otra secuestrada en los setenta. Quince años de prisión recibió Guillermo Agustín Ugarte, catorce Miguel Chuchuy Linares y diez años María Luisa Acosta de Barraza y Pedro Joaquín Pasteris. Dieciséis años de prisión se le impusieron a los militares Camilo Ángel Colotti y Luis Edgardo Ocaranza.
Los policías formaban parte del Servicio de Informaciones Confidenciales (SIC), un organismo paralelo del Departamento de Informaciones de la Policía de Tucumán no reconocido oficialmente. Comandados por el temible “Tuerto” Albornoz conformaban “la patota” que realizaba detenciones clandestinas, torturaba, asesinaba y desaparecía personas. Colotti era el segundo jefe y jefe de Estado Mayor del Regimiento de Infantería 19, a cargo del Destacamento 142 de Inteligencia que actuaba en Tucumán. Ocaranza era el supervisor militar de las actividades de “la patota” y responsable del centro clandestino de detención que funcionaba en la Jefatura de Policía de San Miguel de Tucumán en la época en que esa fuerza de seguridad fue puesta a las órdenes de la comandancia de la Quinta Brigada de Infantería del III Cuerpo de Ejército.
El comandante de esta unidad de batalla era Luciano Benjamín Menéndez, uno de los apartados de este juicio porque estaba sometido a otro que se desarrollaba simultáneamente, y el  comandante de la brigada y gobernador militar de la provincia, designado por la junta de comandantes de la dictadura, era Antonio Domingo Bussi, ya fallecido no sin haber sido condenado antes en otros juicios y mencionado en las audiencias de éste como uno de los oficiales superiores que ejecutaba en persona a los prisioneros recluidos en el galpón 9, una instalación apartada en el agreste terreno semiselvático que ocupaba el Arsenal Miguel de Azcuénaga, de la Quinta Brigada.
Todos los involucrados en el crimen y desaparición de Alicia fueron hallados culpables y condenados bajo las figuras de “de privación ilegítima de la libertad”, “tormentos agravados” y “homicidio agravado por alevosía con el fin de lograr impunidad, y por el concurso premeditado de dos o más partícipes”. Albornoz lo fue en grado de “autor mediato” y los otros policías como “partícipes necesarios” con excepción de Pasteris, que fue considerado partícipe secundario”. Colotti también fue considerado “autor mediato” y Ocaranza “partícipe secundario”.
Los testimonios y pruebas expuestos en el juicio no permitieron determinar “quien” fue el autor material de la muerte de Alicia, pero sí “quienes” pudieron haberlo cometido, individual o colectivamente, durante los suplicios o en una ejecución posterior. Ninguno de los imputados se atribuyó éste ni ninguno de los otros homicidios juzgados en la causa. El pacto de silencio que los liga sigue en pie. Todos están sucios y nadie puede acusar a otro sin que otro lo sindique a él. Una sola confesión hubiera permitido, tal vez, saber donde están los huesos de muchos de los desdichados que como Alicia siguen desaparecidos.
Pero se hizo lo posible. Así de imperfecta es la justicia de los hombres, aunque también así de reparadora, en lo que está a su alcance. No secuestra ni tortura en su búsqueda de la verdad. No asesina sumariamente sino que condena con las leyes de que dispone. Y permite a sus imputados defenderse como no se posibilitó a víctimas entre las que se cuenta Alicia.
Se ha dado un paso más y la justicia dio una respuesta. Pero el caso (y los otros miles de casos de víctimas del exterminio que aún están pendientes de esclarecimiento) sólo estará cerrado cuando los restos de Alicia aparezcan en una fosa clandestina como las ya encontradas en el Arsenal, entre las astillas carbonizadas de los huesos descubiertos en esas sepulturas en las que se arrojaban los cuerpos para ser incinerados, sepultados y meses después triturados por las excavadoras que las reabrían para hacer lugar a nuevos fusilados. O quizás esparcidos en la jungla donde pudieron haber sido arrojados para que los engullan las fieras y los dispersen las alimañas. O tal vez en una ignota tumba NN en algún cementerio provinciano.
Hasta tanto perdurará la esperanza. Tanto como perdure la memoria. Y más allá aún si la sociedad argentina (toda la sociedad argentina, incluyendo a los indiferentes en los que los asesinos de Alicia se escudan y se hacen fuertes mientras el tiempo va borroneando el contorno de sus crímenes) asume el horror y la culpa que pudo haberle cabido en permitir los horrores de esta etapa del pasado ya no tan reciente. Aunque tampoco tan lejano.